viernes, 4 de enero de 2013

ARTÍCULOS - WHEN WE WERE KINGS, capítulo II (Revista Rashomon, N° 74)



        EL NEGOCIO ES EL ESPECTÁCULO



No podía ser de otra manera. Leon Gast completa el paisaje que rodea y posibilita el gran combate con la descripción de los participantes en el espectáculo deportivo. La figura central de este gran negocio es el patrocinador Don King, hombre ambicioso y carismático, que reunió a los mejores músicos y artistas de su tiempo para celebrar y animar la fiesta. James Brown, rey del soul, B. B. King, The spinners…

Los más destacados de América y África, en un evento mundial”, “La reunión de negros americanos y africanos” son frases que aluden a algo más que el mero acontecimiento cultural. De forma oportunista, completa su discurso sobre la esencia de “ser negro”, con apreciaciones políticas alusivas a la injusticia y a la defensa de los derechos civiles. Dice que su deseo es “fundir lo mejor de la música y el deporte”, pero otros dicen de él que es “el que más ha explotado, desmoralizado y arruinado a los boxeadores”, lo que relativiza sus declaraciones y cuestiona su precaria moralidad, aunque haya pasado a la historia por la organización del evento Ali-Foreman.

Quien mejor sintetiza el ambiente generado por el combate y todo lo que lo rodeó es uno de las artistas de la troupe, Malik Bowewns. En relación con el recibimiento que tuvo Ali en África, afirma que la gente veía a Alí no sólo como boxeador, sino como político, por lo de su postura ante la guerra de Vietnam. El público elogia a Ali y desconoce a Foreman (“creíamos que era blanco”). Todos adoran a Ali. Foreman, aunque negro, representa a América, mientras que Ali representa a África. Además, Foreman viaja y se muestra como un elegante famoso, con escolta, comitiva y coche de lujo, lo que contrasta con el populismo de Ali y también con la miseria de los barrios más pobres.

Llegó el día del combate y, sorprendentemente, ganó Ali. En el documental, la tensión narrativa asciende hasta el clímax como es habitual en el género. Algunas malas lenguas susurran sospechas sobre el mal estado de Foreman y su incomprensible reacción.

En el filme, el montaje en paralelo alterna planos de Foreman entrenando y el escorzo del rostro de una mujer negra, sus ojos dilatados, sus trenzas. El sudor de su piel impregna su canto, a la par que jadea sobre un fondo sonoro de golpes de percusión y músicas ancestrales.

“Una mujer con manos temblorosas, un súcubo, podría anular a Foreman” dice Muhamad Ali a una hechicera. Esta imagen y estos sonidos son los mismos que aparecen en los créditos iniciales del filme. El lenguaje cinematográfico de Leo Gast sugiere una explicación esotérica. La de Ali es más explícita: “Mi Dios controla el universo”.


Fuente

REVISTA RASHOMON - CINE TY DEPORTES, N° 74 – Archivo ENCADENADOS.ORG (Julio 2012)




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