miércoles, 16 de enero de 2013

ESPECIALES - THRILLA IN MANILA, parte II (1/10/1975)




CRONOLOGÍA DE SUPERACIÓN, 
INMORTALIDAD Y ÉPICA (parte II)



“Lo quiero jefe” masculló Frazier en su esquina en el descanso entre los dos últimos capítulos del combate. Medio muerto, con la mandíbula dañada después de que Ali le sacara el protector bucal con un tremendo golpe y ciego por los golpes y una catarata que no revelaría hasta tiempo más tarde, Frazier se negaba a desaparecer del ring.

Enfrente, Ali pedía a Angelo Dundee que le quitara los guantes, acabado por la mayor batalla jamás librada y aquel calor que parecía quitar la humanidad. Solamente la agudeza del desaparecido entrenador pudo esperar el tiempo suficiente para que la esquina de Frazier no le dejara levantarse.

“Siéntate chico. Se ha acabado. Nadie olvidará nunca lo que has hecho aquí esta noche”. Dijo Eddie Futch mientras aún lo retenía en su esquina, cerrando el que sería el epílogo de unas de las mejores épocas que nos ha dejado el boxeo. Nadie nunca podrá devolver la gloria que Ali y Frazier dejaron. Superior a sus diferencias y a sus ideas, su vínculo acabó por cerrarse durante su funeral en Philadelphia, cuando un Ali mellado por el parkinson tocaba guantes por última vez con su némesis y amigo. 

“Con la marcha de Frazier el mundo pierde a un gran campeón y a una extraordinaria persona”, diría, reconociendo la grandeza propia de aquel sin el que jamás hubiera podido ser quien es.

"¡No puedo más, Angelo! ¡Cortáme los guantes!". Fatigado después de un tremendo 13º round ante Joe Frazier, Muhammad Alí ya no quería pelear más. Desplomado en el banquito de la esquina, le pidió a Angelo Dundee, su histórico entrenador, que parara el combate. Justo cuando discutían, entre balbuceos y cansancio extremo, Eddie Futch, técnico de Joe Frazier, decidió decir basta.  Alí se paró como pudo y levantó los brazos. Fue una de las secuencias más dramáticas de la historia del boxeo, de Thrilla in Manila, combate del que hoy se cumplen 37 años. 

La de Frazier y Alí quizás sea la rivallidad más atrapante y pareja de la historia del boxeo. Llegaron a la pelea en Filipinas con una victoria para cada lado (en 1971, Frazier venció por decisión unánime y en el 74 ganó Alí por la misma instancia). La gran diferencia fue que, para aquel combate, como casi nunca había pasado en su carrera, Alí se confió. Sobró a un rival que no se merecía ese trato. Se entrenó poco y burló mucho. "¡Gorila! ¡Gorila!", le decía cada vez que se lo cruzaba. El show hasta incluía canciones: "It's gonna be a thrilla, and a chilla, and a killa, when I get the Gorilla in Manila". Y lo pagó caro: por momentos recibió una paliza y la pasó mal.

El combate fue elegido como la Pelea del Año por la revista Ring en 1975 y ESPN lo nombró el quinto mayor evento deportivo del Siglo XX. Frazier nunca se recuperó de la derrota. Quedó con graves secuelas físicas, dificultad para hablar y deficiencias motoras. Se enfrentó una vez más ante George Foreman, en 1976, pero no tuvo mucho para hacer. Alí, por otro lado, se instaló como uno de los más grandes de la historia.


Alí había vencido, sí pero ¿a qué precio?. Ambos estaban al límite de sus fuerzas. Alí momentos después de la pelea se desmayó en su esquina, con contusiones e inflamado todo su cuerpo, con posterioridad ha llegado a afirmar: "Ha sido mi experiencia más cercana a la muerte"; mientras Frazier, era un "cuadro de tristeza": su ojo izquierdo estaba totalmente cerrado y su figura llena de hematomas apenas podía gesticular. 

El saldo de la batalla, no fue nada plausible, y sendas carreras quedaron tocadas para el resto de sus días. Una masacre en toda regla, podríamos decir, con la puesta en acción de dos colosos; donde como relataba el entrenador de Alí, Angelo Dundee, fue cuestión de resistencia y la diferencia estuvo en que: "Los dos chicos se quedaron sin gasolina, pero mi chico traía un tanque extra", a lo que el periodista Mark Kram, añadió: "De cualquier otra cosa que algún día se pueda decir acerca de Muhammad Ali, nunca podrán decir que no ha tenido valor o que no ha sido capaz de recibir un golpe". En definitiva, un toma y daca sensacional.

En lo que se refiere a su rivalidad personal, Alí siempre ha mantenido que sus mofas formaban parte del circo mediático orquestado en torno a la pelea; aunque avergonzado por su reprochable comportamiento, pidió perdón en años posteriores. Frazier, por su parte nunca ha reconocido su derrota en las dos peleas que perdió, no olvida el escarnio a su persona e incluso en más de una ocasión, ha insinuado que la enfermedad de Ali (Parkinson) es un castigo de Dios como replesalia contra su áctitud despota de épocas pasadas.


Clip - John Dower's Thrilla in Manila - Making Off:


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