jueves, 24 de enero de 2013

GRANDES JUEGOS - LOS ANGELES LAKERS vs. TORONTO RAPTORS (Staples Center, 22/1/2006)



ROMPIENDO LOS MOLDES DEL BASKET MODERNO





Aquel juego era, curiosamente, especial para los religiosos: significaba el partido número 666 del astro angelino en la NBA. Ese 22 de enero, además, era la fecha del cumpleaños de su abuelo y por primera y unica vez su abuela asistía a un partido suyo. Una energía especial flotaba en el ambiente, dejando entrever que algo especial estaba a punto de producirse.

"Okey, muchachos, trataremos de dejar jugar a Kobe un poco más. Iremos con una zona 1-2-2 liberando al portabalón", había dicho Sam Mitchell, en aquel entonces coach de los Toronto Raptors, ante el asombro de sus jugadores.

La defensa zonal era un sueño utópico en la NBA en aquel entonces, pero Mitchell había entendido que, liberando a Bryant, el resto de sus compañeros no se iba a contagiar. Parecía ser la lógica del embudo perfecta.

El plan de Mitchell funcionó de manera brillante en el comienzo del partido. Kobe estaba lanzando bastante bien (10-18 desde el campo en los primeros dos cuartos) pero sus compañeros brillaban por su ausencia. Toronto había sacado una ventaja de siete puntos en el arranque del juego, extendiéndose a 14 en el entretiempo.

Sam Mitchell no supo como frenar el talento de Kobe. "Oye, si yo te digo que estás ganando el partido y un jugador rival está brillando. Repito: ¡tú estás ganando el partido! ¿Cambias de proceder?", explicaba Mitchell a sus jugadores cuando señalaban el nivel de Bryant en ofensiva.

Kobe se escurría entre los brazos de los jugadores de Raptors como una gota rebelde: 14 puntos en el primer cuarto y 12 en el segundo (1-2 en triples y 5-6 desde la línea) significaban un juego más que bueno. Pero nada comparable a lo absolutamente extraordinario que ocurrió luego.

"Oye Frank, creo que debería sacarlo porque el partido ya está en la bolsa", le dijo Phil Jackson al asistente Frank Hamblen. "Si haces eso, habrá un amotinamiento", contestó Hamblen.

Las 18.887 almas que habían colmado el Staples Center estaban expectantes y sentían que el juego podía darse vuelta. Jackson pensaba a futuro y sabía que necesitaba tener a Bryant entero para lo que sucedería después en la temporada.

El 20 de diciembre de 2005, Kobe había anotado 62 puntos ante los Mavericks en tres cuartos y Jackson había decidido quitarlo del juego para preservar su físico. En ese partido, los Lakers estaban venciendo con facilidad, pero igualmente el estadio había abucheado como nunca al Maestro Zen. En aquel entonces los presentes presentían que una marca maravillosa podía producirse. El pasado, nuevamente, atentaba contra el presente.

En esta oportunidad, el coach de Lakers entendió que debía respetar el orden establecido. Kobe Bryant saludó a sus compañeros en el banco de suplentes, ajustó sus zapatillas, aplaudió un par de veces mientras caminaba hacia el círculo central y empezó a escribir lo que sería la página individual más importante de un jugador en 44 años.

Los Lakers caían por 14 puntos en su propio estadio, por lo que se necesitaba un giro de 180 grados en esta historia. La ofensiva triangular de los Lakers, en vez de dar un paso al frente, desapareció por completo: Bryant comenzó el tercer cuarto tomando las riendas del partido. Era una historia completamente distinta de la noche ante los Mavericks, porque ahora su equipo estaba perdiendo y Jackson había depositado la confianza en él.

"Hombre, hoy puedes anotar sesenta puntos si te lo propones", le dijo Lamar Odom al oído a Bryant antes de comenzar la segunda mitad.

"Quizás cambiemos algo de la filosofía defensiva con Kobe a lo largo del juego, por ahora tenemos que fortalecernos en los rebotes. Permitiremos que se siga centrando la ofensiva en él", había dicho Jim Todd, asistente de Raptors, al cierre del primer tiempo.

El muchacho con la camiseta número 8 estaba jugando absolutamente solo en ataque, ejecutando todo tipo de lanzamientos: penetraciones incisivas hacia el aro, lanzamientos desde la tercera dimensión, dobles de media distancia, tiros libres. No era lo que un entrenador deseaba, pero estaba dando resultados. En defensa también daba lo suyo: robaba balones, generando una sensación de ubicuidad nunca antes vista: estaba en todos lados, al mismo tiempo. Un show idílico en la era del reloj de 24 segundos.

"¡Kobe Bryant anota de nuevo! ¡Nadie lo puede detener esta noche!", gritaba una y otra vez el relator oficial de los Lakers, envuelto en pánico. "Bryant los está arruinando, definitivamente", agregaba el comentarista sumergido en asombro.

El NBA League Pass comenzaba a hacer sus primeras apariciones en el mundo del básquetbol y poca gente seguía de cerca las acciones del equipo de Lakers. Incluso pocos siguieron este juego por TV, porque la máxima atracción se había dado con un partido entre Seattle Supersonics y Phoenix Suns, en la misma noche, que terminó con triunfo para los Sonics 152-149 en tiempo extra, gracias a un triple sobre la chicharra de Ray Allen.
En Los Angeles, mientras tanto, el suelo ardía como nunca. Kobe lanzó 11 de 15 de campo, incluyendo 5-6 en tiros de tres puntos, con un tiro libre adicional. Mejoró lo hecho en toda la segunda mitad, convirtiendo 27 puntos en el tercer chico. Los Lakers vencieron a los Raptors 42-22 en ese parcial para tomar una ventaja de seis puntos en el marcador. Bryant llevaba 53 unidades e iba por más.

"Coach, por dios, este hombre nos está matando. ¡Quitemos la zona o usemos doblajes!", gritaba Jalen Rose en el banco de Toronto, pero Mitchell hacía caso omiso de sus pedidos. Pensaba que era una cuestión de voluntad e insistía sobre el plan original para darle una lección a sus jugadores.

Bryant, mientras tanto, se había dado cuenta de la vagancia de las ayudas defensivas de los perimetrales de Raptors y atacaba el aro una y otra vez.

"Coach, en serio, al menos cansémoslo en defensa. Nos está arruinando. ¡Utilizaré mi juego de poste!", volvió a reclamar Rose. Mitchell, acto seguido, envió a Rose al banco para terminar la discusión.

Con 37.8 segundos por jugar, Kobe quitó un balón, la enterró con dos manos y su equipo pasó al frente en el marcador. El estadio explotó y comenzó una nueva película en el mismo escenario: "MVP, MVP": el grito caía como una ola gigante desde los cuatro codos del Staples Center.

"Kobe, hermano, me equivoqué, hoy no anotarás 60. ¡Puedes llegar a 70 si te lo propones!", volvió a decirle Odom a Bryant, mientras ambos, acto seguido, estallaban en un ataque de risa.

Mitchell, en el banco de suplentes, estaba como una leña encendida en la hoguera. "Intenté todo esa noche: defensa zonal, volvimos por un momento a hombre, triángulo y dos. Sencillamente no pudimos hacer nada ante una actuación de ese tipo", confesaría el coach de los Raptors tiempo después.

En el último cuarto, los Lakers aceleraron para completar lo que habían hecho en el tercero. Lo de Bryant fue sencillamente demoníaco: de los 31 puntos de su equipo, anotó 28 -los otros tres fueron de Odom- con 7-13 de campo, 2-6 desde la tercera dimensión y 12-13 desde la línea de caridad.

Kobe anota un triple, Kobe con el jumper, Kobe con la penetración... Todo parecía tan fácil. Los fanáticos estaban hipnotizados. ¿Era real lo que estaban viendo? Primero pasó la barrera de los 50, luego de los 60, de los 70, ¡Y de los 75!

"El calor de la gente en los últimos dos minutos fue especial. Sabía que no podía fallar esos tiros libres", dijo Bryant, tiempo después, cuando tuvo que convertir los lanzamientos que le hicieron pasar la frontera de los 80 puntos con 1.47 en el reloj, mientras los fanáticos se deshacían las gargantas gritando por su héroe.

Bryant convirtió 55 puntos en la segunda mitad. Cuatro segundos antes de terminar el partido, Jackson lo quitó para que ingrese Devin Green, con la idea de que reciba la ovación merecida. Pocas veces se escuchó un ruido semejante en el estadio angelino. Fue tan mágico como maravilloso: el Staples Center se había convertido en un coliseo romano.

Los 81 puntos de Kobe Bryant significaron la actuación individual más memorable del básquetbol moderno, 44 años después de las 100 unidades convertidas por Wilt Chamberlain. Fue la noche en la que Bryant se unió al mencionado Chamberlain, Elgin Baylor, David Robinson y David Thompson como los únicos jugadores en superar la barrera de 70 unidades en un juego.

"Fue increíble lo de hoy", dijo el perimetral de Raptors, Morris Peterson, quien defendió en gran parte del juego a Kobe. "Nunca ví algo semejante. No le quito nada a su performance hoy. Mostró que es uno de los grandes de la historia. Una vez que un muchacho de su naturaleza arranca y entra en ritmo, será una noche larga. Fue una noche larga para nosotros. No puedo decir más".


Fuente Archivo: Bruno Altieri para ESPNdeportes.com



Clip - Highlights del partido Lakers vs. Raptors:


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