miércoles, 16 de enero de 2013

GRANDES PELEAS - MUHAMMAD ALÍ vs. JOE FRAZIER (Madison Square Garden, 28/1/1974)


 


COMO GLADIADORES DE CIRCO ROMANO: 
"EL COMBATE DEL SIGLO"




En su escalada a la gloria Joe Frazier supo sortear las más adversas dificultades. Su cuerpo moldeado por la pobreza pero cincelado por la mano de un titán aprendió a no retroceder jamás. Joe se hizo un nombre y ganó tres Golden Gloves, además de la medalla de oro de los JJOO de Tokyo en 1964. En 1968 y por una serie de combates de eliminación se hizo con el título mundial de los pesos pesados. Fue reconocido como campeón mundial por la Comisión de Boxeo de Nueva York. 

Por ese entonces Alí ya había dejado de ser Clay y había sido desposeído del título en 1967 por sus problemas con el gobierno y su negación a acudir a la Guerra de Vitenam, encontró en Frazier a su sucesor, pero el título así ganado no fue universalmente reconocido, por lo que Frazier tuvo que derrotar a Jimmy Ellis para convertirse en el campeón indiscutido de la categoría.


La guerra encarnizada entre el de Louisville y el de Beaufort traspasó las fronteras del deporte y el boxeo. Frazier era el campeón oficial pero Ali era el campeón moral; vetado en las dieciséis cuerdas, en toda la comunidad pugilística flotaba la sensación de que la corona aún le pertenecía. Una circunstancia que aprovechó el de Louisville para emprender su devastadora guerra psicológica sobre Smokin Joe. La lenguaraz personalidad de Ali dio rienda suelta a su desvergüenza y definió a Frazier como gorila y “Tío Tom”.

Ali hizo todo lo posible para desestabilizarle, pero Frazier supo enojar sutilmente al volcán de Lousville llamándole por su nombre original (Cassius Clay), y refiriéndose a él como el prófugo. “Me dedicaré al Rock hasta que este Ali o Clay, o como demonios se llame, se suba al ring conmigo”, dijo Frazier.


Ambos representaron mucho más que a dos iconos del boxeo, representaron una era y a una de las más profundas grietas del pueblo norteamericano. Frazier era un campeón y Ali era un héroe. Joe era un tipo ordinario, mientras que Ali era un tipo excepcional.... La gente no tuvo otra opción que alinearse a un lado u otro. Así un 8 de marzo de 1971, el Madison Square Garden acogió el considerado por los libros de historia del boxeo como el “Combate del siglo”:


En el centro del ring el árbitro intenta recordar las reglas pero los púgiles no escuchan, se despedazan con sus miradas y palabras: “Eres un zoquete” le espeta Ali a Frazier, Frazier responde “Te voy a matar”.


En una esquina, Smokin Joe, un púgil tosco y pequeño para la categoría de los pesados, (medía 6 pies de altura) que compensaba la citada inferioridad con un ataque poderoso, demoledor y constante. Frazier lanzaba muchos más golpes que la mayoría de los pesos pesados, era un martillo pilón, siempre dando pasos adelante. Poco antes de protagonizar el primero de los tres épicos combates ante Muhammad Ali, la revista Time le definió como una especie de Rocky Marciano motorizado. Fue entonces cuando Alí conoció al que seguro fue su más duro rival, un tipo que jamás daba un paso atrás. Su gran arma era su ofensiva constante, cimentada en una exhaustiva preparación. Frazier casi no guardaba la distancia, abrumaba a sus rivales sin dejarlos respirar, lanzando su destructivo gancho de izquierda.


En la otra esquina Muhammad Ali, ligero y elegante como el vuelo de una pluma. Un genio que encontraba su mejor defensa en la rapidez, aquella insólita habilidad para calibrar el golpe del adversario y apartarse lo justo para que no le acertara, devolviéndolo de inmediato. Una eléctrica devolución cimentada en la envenenada trayectoria de sus golpes de izquierda, en aquellas vueltas de puntillas con sus manos colgando. Talento, velocidad, pegada y encaje, un genio que en alguna que otra ocasión hizo gala del “rope a dope”, una estrategia que consistía básicamente en apoyarse en las cuerdas y dejarse golpear hasta cansar al otro y en cuanto percibía una apertura, lanzar un contraataque, por tanto también inteligente sobre el cuadrilátero.


Fueron quince asaltos para la memoria de los espectadores, la extenuación e historia del boxeo, quince campanadas acompañadas por golpes que ningún ser humano hubiera soportado y que solo dos fenómenos de la naturaleza como aquellos hicieron posible. En el asalto quince y con ambos púgiles al borde del desmayo, Frazier soltó un demoledor gancho de izquierda que hizo besar la lona al de Lousiville. Un instante para la leyenda del boxeo que convirtió a Frazier en el primer púgil en derrotar a Ali, aunque no el primero que le hacía besar la lona (el inglés Henry Cooper lo consiguió con anterioridad).


Frazier se convirtió en campeón oficial y moral de pleno derecho, ambos púgiles fueron hospitalizados tras la pelea y Joe, no pudo volver al ring hasta diez meses después. Dos años después ‘Smokin’ Joe perdió el título ante otra leyenda del boxeo como George Foreman, y ya no volvió a reconquistarlo. En cualquier caso nadie podrá olvidar aquellos duelos con Ali, con el que protagonizó otros dos enfrentamientos. El segundo, el 28 de enero de 1974, un combate en el que Ali se tomó la revancha enviando a la lona a Frazier en el asalto número diez. Aunque el enfrentamiento del Madison Square Garden fue catalogado como el "Combate del Siglo", para los grandes amantes del boxeo el mejor fue el tercer duelo que protagonizaron en Manila, dentro de una gira de mundial de combates que hicieron en 1975.


Frazier perdería su título en Jamaica ante George Foreman, el 22 de enero de 1973, y volvería a enfrentarse a Ali, un año más tarde, en una suerte de semifinal para dilucidar quién iba a ser el que retara a Foreman de nuevo con la corona de los grandes pesos como premio.


Ali se tomó la revancha contra Frazier en enero de 1974 y reconquistó el título que los políticos americanos le habían arrebatado en la mítica pelea de Kinshasa, en pleno corazón de África, contra George Foreman.
 
Vídeo - pelea completa:


 

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