miércoles, 6 de febrero de 2013

ESPECIALES - MARVIN HAGLER vs. SUGAR RAY LEONARD, parte II (Las Vegas, 6/4/1987)

 
 LA HOGUERA DE LAS VANIDADES (parte II)

Ante la incredulidad de muchos, sobre todo en el entorno de Leonard, las partes se fueron acercando. Muchos pensaban que Leonard estaba loco.
Cuando empezó la etapa de las negociaciones, la gente de Hagler estaba tan confiada en la victoria de su pupilo que dejaron que Mike Trainer (manager de Leonard) dictara los términos del acuerdo. Básicamente lo que se negociaba era el tamaño del ring, el número de rounds y el tamaño de los guantes. Y dinero. Mucho dinero. Angelo Dundee (el genio detrás de Ali), especificaba en su contrato con Leonard que todas sus peleas debían ser en rings de 20 pies. “Mis pupilos saben moverse -decía Angelo-, no quiero que peleen en una cabina telefónica”. La gente de Hagler accedió. “Hay que entender  que nadie pensaba que Leonard tenía la más mínima chance” explican los Patronelli. “Los podíamos poner a pelear en un estacionamiento que en algún momento Marvin lo iba a encontrar”.
“Leonard tenía muchas pretensiones”, recuerda Perron. “Pero el dinero no era una de ellas. El ya tenía unos 200 millones en el banco, mientras que Marvin tenía sólo unos 20. A Marvin no le importaba todo lo que Ray pidiera, sólo quería ganarle. Y a esta altura de su carrera también le importaba el dinero. A cambio de los guantes, el ring y los rounds, se quedó con todas las ganancias del pay-per-view de todo el país, exceptuando Maryland, que era el estado de Leonard y Washington DC. Por eso es que Marvin se llevó 21 millones y Leonard 13. Las bolsas eran 12 millones para Marvin y 11 para Ray, pero a Leonard el dinero no le importaba; él ya había hecho sus millones”.
La gente de Leonard también sentía que habían cedido mucho. “No me importaba nada”, recuerda Mike Trainer. “Yo estaba dispuesto a ceder todo: que la pelea se hiciera en Las Vegas, que Bob Arum fuera el promotor, y mucho más dinero para Hagler. Yo estaba feliz, yo con todo ese dinero compré tres rounds para Ray”.
Mike Trainer decidió que como Leonard no peleaba desde el ‘84, necesitaba algunas peleas para entrar en ritmo. “Trajimos a cuatro sparrings muy jóvenes”, recuerda JD Brown, promotor de Leonard. “Eran todos Top 20 y Ray ganó las cuatro peleas, dos de ellas por KO. Eran peleas a 10 rounds, en las que los sparrings peleaban con protector en la cabeza y guantes chicos y Ray con guantes grandes y sin protector, como para acostumbrarse a recibir golpes. Cerrábamos el gimnasio; nadie sabía lo que estaba pasando”.
“La primera etapa fue terrible”, cuenta Leonard. “Los sparrings me mataban. Mi cara ya no estaba acostumbrada a recibir golpes, tenía que usar maquillaje. Mi estado atlético era lamentable. No quería entrenar, en algún momento quise largar todo”.
Hagler, por su parte, se entrenaba en Palm Springs. Un día Leonard le pidió a JD Brown que fuera a espiar al gimnasio de Hagler. Brown tenía el pelo negro y se lo tiñó de gris, se puso unos anteojos negros y fue. Además Leonard le había pedido que le trajera fotos, para probar que hubiera ido. “Estuve ahí durante tres días, y saqué buena información”, Recuerda JD Brown. “Hagler tomaba siempre el medio del ring. Habían traído de sparrings a los trillizos Weaver, que eran tipos de una energía tremenda. Y cuando los tipos lo querían boxear y se movían mucho, Hagler se enojaba y les decía: “Dale, dejá de moverte y peleá, bitch!” Al final de una pelea, la gente en el gimnasio se acercaba a Marvin para sacarse fotos, así que aproveché, lo abracé y alguien nos sacó la foto. Cuando se la mostré a Ray se moría de risa”.
Pero en el gimnasio de Leonard las risas no abundaban. Seis semanas antes de la pelea Leonard estaba perdido. Su entorno no lo veía bien. Se estaba por subir al ring contra un asesino y todos pensaban que no se estaba tomando las cosas en serio. Además, Angelo Dundee solía aparecer para ver a sus pupilos sólo dos o tres semanas antes de la pelea. Así que Mike Trainer lo llamó y le dijo: “Por favor vení ahora porque este chico no se lo está tomando en serio”. Dundee empezó a ir todos los días, hablaban de estrategias y lo ponía hacer guantes con tipos que pegaban fuerte y algunos rounds duraban hasta siete minutos, que es una eternidad para estar con los brazos en guardia.
La mano de Angelo se hizo notar y los resultados se empezaban a ver. Con el correr de las semanas Leonard se ponía cada vez más fuerte y los sparrings le duraban cada vez menos.
Hasta que a cinco días de la pelea con Hagler le trajeron a Quincy Taylor.
Quincy Taylor le puso una mano que lo dejó tambaleante. Sabía que lo había lastimado. “Yo estaba en el rincón”, recuerda JD Brown. “Entonces le empecé a gritar “¡Al cuerpo, al cuerpo!” Ray estaba recostado contra las cuerdas como Ali, pero estaba herido. Alguien, creo que fue Janks Mortin, entonces gritó “¡Time!”. Creo que si Janks no hubiera dicho nada, la pelea con Marvin no se hacía. Ray no habría aguantado una sola mano más”.
“No me olvido más de las caras de mi equipo”, recuerda Leonard. “Era un funeral. Y el camino a casa fue peor todavía, todos pensando: a Ray lo van a noquear”. Brown también lo recuerda: “Todos pensábamos: si Quincy Taylor le podía hacer eso a Ray, imagináte lo que le podía hacer Marvin Hagler”.
Pero Leonard sacó algo bueno de todo esto: “Al principio mi plan era boxear, boxear y boxear. Pero cuando me fui sintiendo más fuerte y veía que a tipos fuertes les podía pegar y causar daño, sentí que me convertí en una bestia capaz de lastimar a Hagler peleando, que es su territorio, en lugar de boxeando. Habría sido un tremendo error. Gracias a Dios que me puso en el camino a Quincy Taylor. Debí haberle pagado más, fue la mejor trompada que jamás haya recibido”.

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