miércoles, 6 de febrero de 2013

ESPECIALES - MARVIN HAGLER vs. SUGAR RAY LEONARD, parte I (Las Vegas, 6/4/1987)


 
LA HOGUERA DE LAS VANIDADES (parte I)
 
 Pocos acontecimientos en la vida deportiva norteamericana han quedado tan marcados a fuego como ese 6 de abril de 1987. El ring estaba en Las Vegas pero el escenario era el mundo entero. La calidad de las figuras, la postergación infinita, el choque de estilos, el trámite de la pelea y la actuación de los jurados hicieron de Hagler vs. Leonard, en opinión de muchos, la pelea más controvertida de todos los tiempos.
En esa época, y de la mano del pay-per-view, los Cuatro Grandes de los ‘80 (Hagler, Leonard, Durán y Hearns), habían revitalizado un boxeo que ya extrañaba la época dorada de los pesados. En épicas batallas que quedarán para siempre en la historia del boxeo, los cuatro grandes ya se habían enfrentado todos entre sí. La única gran pelea que faltaba era Hagler-Leonard.
Por esos años, Hagler dominaba a voluntad el mundo de los medianos. “Desde 1976 a 1987 Marvin no perdió una sola pelea”, cuenta Roger Perron, el coach asistente de Hagler. “Ya nos estábamos quedando sin rivales porque nadie quería pelear contra él. Recién en el ‘79 los hermanos Patronelli (managers de Hagler) decidieron involucrarse con Bob Arum y Top Rank. Ahí fue cuando todo empezó a funcionar”.
Por su parte Leonard, desde que ganó la Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Montreal (1976), ya era una de las figuras más carismáticas del boxeo. Al igual que Ali, era adorado por las agencias de publicidad, seducidas porque a sus peleas las miraban hasta las mujeres, y mirado con recelo por los puristas del box, quienes lo consideraban sólo un producto comercial con una cara bonita.
“En el ‘73 -recuerda Roger Perron-, Hagler había decidido que no quería esperar tres años para participar en los Juegos Olímpicos y se hizo profesional. Peleó su primera pelea por 40 dólares. Pero en 1977, cuando Leonard se hizo profesional después de Montreal, arregló con ABC World Wide Sports por 40.000 por su primera pelea”.
Vito Autuofermo, campeón mediano desde 1979 a 1980, recuerda el resentimiento que Leonard provocaba: “En su pelea con Wilfredo Benítez, siendo Leonard el retador, se llevó un millón de dólares. Esa misma noche peleábamos Marvin y yo. Yo me llevé 150.000 y Marvin, que era el retador, sólo 40.000. Cuando yo fui el retador contra Hugo Corro también me llevé 40.000. Todos le teníamos muchísimos celos”.
“Curiosamente fue recién después de haber perdido con “Mano de Piedra” Durán que finalmente Leonard se ganó el respeto del mundo del boxeo”, comenta Larry Merchant, comentarista de HBO. “No sólo por haber aguantado los 12 rounds, sino por haber terminado mejor, algo que en mi opinión, nunca nadie había logrado contra Durán”.
Hagler quería pelear contra Leonard, que en esa época era campeón Welter. Leonard, en cambio, no lo veía posible. “Un día estábamos en el gimnasio de los hermanos Patronelli y empezaron a llegar limousines”, cuenta Perron. “Era Leonard, con todo su séquito: managers, asistentes, sparrings, etc. Marvin ni sabía que iba a venir. Recuerdo que cuando hablaron Marvin le decía: “¡Come on, man! Dame un pelea”. Leonard le decía. “Mirá lo que soy, Marvin. Yo peso 147 (libras) y vos 160. Es imposible”.
Después de haberle ganado a Hearns, Leonard había hecho una sola defensa (que ganó por KO en el 3ro) y en mayo de 1982 debía pelear en Buffalo contra Roger Stafford. Pero en el examen físico de rutina le descubrieron un desprendimiento de retina en su ojo izquierdo. La noticia cayó como una bomba en el mundo del boxeo.
A los pocos días del descubrimiento de la lesión, fue operado en el Hospital Johns Hopskins de la ciudad de Baltimore. En noviembre del ‘82, Leonard aprovechó un evento de caridad en el Centro Cívico de Baltimore y le dijo a su publicista que armara una conferencia de prensa porque quería hacer un anuncio importante. La conferencia se transformó en un show mediático a la medida de Leonard. Habían 6.000 personas, entre ellas figuras del deporte y del espectáculo. Se montó un ring por el que desfilaron todo tipo de figuras a rendirle tributo. Hasta se proyectó un film de 15 minutos sobre sus mejores victorias (nada de la derrota ante Durán). Y también habían invitado a Marvin Hagler y a toda su comitiva que volaron especialmente para el evento. Por supuesto, esperaban que Leonard anunciara que quería pelear por el título.
“Yo estaba durísimo“, recuerda Leonard. “Había consumido cocaína y mis pensamientos no eran muy claros. Cuando agarré el micrófono realmente no sabía qué iba a decir”. Finalmente Leonard habló y dijo que sí, que Hagler vs Leonard sin dudas sería una pelea espectacular, pero mirando a Hagler a los ojos le dijo: “Lamentablemente esa pelea nunca va a ocurrir“.
Hagler estaba indignado: “Sólo fuimos extras en su gran show mediático. ¿Para qué hacer venir al campeón si no lo vas a desafiar? Siempre le gustó actuar como una diva. Igualmente, esa misma noche yo pensaba que si realmente él quería, la pelea se iba a hacer. Eso sí: iba a ser en mis términos. Siempre creí que un campeón debe ser un grande en su peso, nada de andar subiendo o bajando de categoría. Si me quieren ganar, me van a tener que venir a buscar”.
Después de su retiro en 1982, Leonard sentía que algo grande le había faltado a su carrera: la pelea con Hagler. Pero no fue sino hasta la pelea de Hagler-Durán del ‘83 que sintió realmente que podía volver. Barry Tompkins, comentarista de HBO, recuerda: “Ray y yo estábamos comentando Hagler-Durán para HBO, y Ray Sugar y Durán tenían una buena relación, se tenían un gran respeto. Cuando terminó la pelea, Durán vino hacia Ray, sacó su cabeza por entre las cuerdas y le dijo: “A este tipo le podés ganar”. Meses después, Ray y yo estábamos cubriendo otra pelea en Florida y Durán me llamó y me dijo: “¿Sabés como se le gana a Hagler? Le tenés que pegar y salir. Tenés que pelear sólo tres veces en el round, durante quince segundos cada vez. Una vez al principio, otra vez en el medio y otra más al final. Y así es como te llevás la pelea”.
Leonard ya estaba entusiasmado, pero fue después de ver la pelea Hagler vs John “La Bestia” Mugabi que realmente sintió que le podía ganar. Hagler ganó por KO en el 11, pero Mugabi le había pegado como nadie lo había hecho jamás. Y si Mugabi, que era un pegador nato, lo complicó boxeando, Leonard pensaba que él lo podía hacer todavía mejor.
Ollie Dunlap, el asistente de Leonard recuerda esa noche: “Estábamos en el Caesars, en la habitación de Michael Fox, que estaba repleta. Estaba también Whoopi Goldberg. Había gente sentada en el baño, uno en el inodoro y un par en el borde de la bañadera. Ray me pidió que lo llamara a Mike Trainer (su manager), y que le dijera que quería una pelea con Hagler. Yo le pregunté si era consciente de la diferencia horaria, porque Mike estaba en DC. Ray dijo que no importaba, que lo llamara igual, que quería la pelea con Hagler. Michael Fox y Whoopie le decían: “Yeah, yeah, Ray, vas a pelear con Hagler, yeah, yeah…” Para entender el contexto, después de la operación, la vida social de Ray era descontrolada, con vicios pesados… nadie lo tomaba en serio”.
Después de la pelea con Mugabi, algunos analistas de boxeo pensaban que Hagler ya no era el mismo de antes, que ya no era tan rápido. Hagler no sólo no opinaba lo mismo sino que tenía una explicación difícil de creer sobre la pelea con Mugabi: “Algunos dicen que estoy lento, pero tal vez es lo que quise mostrar. Si Leonard me veía demasiado rápido nunca iba a querer pelear conmigo”.
Otros decían que Leonard sólo estaba esperando que Hagler envejeciera. “Eso es una estupidez”, se defiende Leonard. “Si Hagler envejecía, envejecía yo también. Además yo era más chico, había hecho sólo una pelea en los últimos cinco años y tenía lo de la retina. Me río cuando dicen esas estupideces”.
Pero finalmente la pelea se estaba armando. Los dos se reunieron en el restaurante de Leonard y durante esa larga noche Hagler le contó que ya no tenía muchas más motivaciones para seguir. Más tarde también diría que si no hubiera salido la pelea con Leonard, seguramente se habría retirado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada