viernes, 22 de marzo de 2013

ESPECIALES - CRÒNICA DE UN ENCUENTRO: JIM CLARK & COLIN CHAPMAN (Indy Motor Speedway, 1961)





EL TALENTO INSEPARABLE



En el año 1961, el primer año en que las 500 Millas no formaron parte del Mundial de F1, Jack Brabham y John Cooper se decidieron a presentar su monoplaza, el mismo que había ganado el año anterior el Mundial de F1, a la carrera americana. El pequeño Cooper causó irrisión entre los aficionados de Indianápolis por su pequeño tamaño y por su motor trasero, pero en carrera Brabham lo llevó hasta el tercer puesto durante varias vueltas, finalizando finalmente 9º. 

Al año siguiente, ya desligados Brabham y Cooper, el australiano presentaría un monoplaza de su propia creación pilotado por él mismo en las 500 Millas, alcanzando el 6º puesto en meta. Los pequeños F1 habían demostrado que podían batirse en igualdad de condiciones con los grandes monoplazas americanos y Brabham había comprobado que su nivel de pilotaje estaba muy parejo con el de sus colegas yankees; en realidad Jack sabía que si no había ganado aquella carrera era por la desproporción de medios económicos invertidos en cualquiera de sus rivales y los que él había conseguido reunir con su amigo Tauranac para presentarse en la parrilla de salida. 

Jack sabía que con un buen patrocinador que pusiera el dinero que él no tenía las 500 Millas serían suyas, y así se lo explicó al que entonces era su jefe, el ingeniero Colin Chapman, dueño del equipo Lotus. Pero no sólo Brabham se había dado cuenta de eso...

.- Buenos días señor Chapman ¿El señor Brabham no nos acompañará?
.- El señor Brabham ya no pilota para mí, ha decidido fundar su propia escudería. Le presento a Jim Clark, él es nuestro primer piloto ahora.
.- Encantado, señor Clark. Como saben, soy Dan Gurney y me envía el señor Ford; quedó muy impresionado con las carreras que hizo el señor Brabham estos dos últimos años en Indianápolis y es de la opinión que con un poco más de preparación un F1 podría ganar las 500 Millas. El señor Ford está dispuesto a asociarse con ustedes para ganar la carrera.
.- Muchas gracias por el ofrecimiento, pero la Ford no necesita a Lotus para ganar las 500 Millas, pueden construirse su propio monoplaza... ¿dónde está el truco?
.- ¡No se le escapa una, señor Chapman! Efectivamente, hay algo que no le he dicho todavía: la Ford puede construir un monoplaza por sí misma, pero nuestro motor no está a la altura del Offenhauser; compitiendo de tú a tú no seríamos capaces de batirles en años y eso es algo que sabe todo el mundo en los EE.UU., por eso ningún monoplaza lleva motor Ford en las 500 Millas y todos montan el Offenhauser.
.- Entiendo, ustedes no quieren un monoplaza al uso, ustedes quieren nuestro F1, más pequeño y con el motor detrás del piloto.
.- ¡Exacto! Para nosotros es vital entrar en las 500 Millas... y ganarlas. Con nuestro motor y su
coche lo conseguiremos.
.- Y su dinero, supongo.
.- En eso no hay problema; le suministraremos gratis el motor y correremos con los gastos de desarrollo del monoplaza; el dinero del premio que consigamos puede quedárselo usted, nuestro interés es otro.
.- ¿Todo el premio? Supone más dinero ganar las 500 Millas de Indianápolis que ganar todas y cada una de las restantes carreras del Mundial de F1.
.- Eso es lo que he dicho ¡Esto es América, señor Chapman!
.- Pues me parece una fantástica idea ¿Tú que crees, Jim?
.- ...
.- ¿No dice usted nada, señor Clark? ¿Qué le preocupa, es nuestro motor, los neumáticos, sus rivales...?
.- ...
.- Venga Jim, dinos algo, tu silencio es muy embarazoso.
.- Estaba pensando que en las 500 Millas siempre hay muchos accidentes. Mi mamá se va a llevar un buen susto cuando le diga que voy a tomar parte en la carrera.

Pocas veces en la historia de la F1 se han encontrado dos talentos tan complementarios que parecían haber sido hechos precisamente el uno para el otro como Colin Chapman y Jim Clark, y muy posiblemente de no haberse encontrado ambos en los primeros años de sus respectivas carreras ninguno hubiera llegado a ser lo que fue. Chapman era un ingeniero inglés de gran éxito en las categorías inferiores del automovilismo que se decidió a dar el salto a la F1 en 1958, cuando inscribió a su equipo Team Lotus para disputar el GP de Mónaco. Durante 1958 y 1959 su piloto estrella fue el inglés Graham Hill, a quien sustituyó Stirling Moss en 1960; mediada la temporada y ante un grave accidente de Moss en el GP de Bélgica ascendió a la F1 al joven escocés Jim Clark, quien ya corría para él en otras categorías.

Chapman destacó pronto entre todos los ingenieros de la F1 por su extraordinaria inventiva y capacidad de innovación. Para él la ingeniería no era tratar de hacer mejor lo ya se hacía, optimizando la mecánica, sino descubrir nuevas formas de hacer las cosas. Son innumerables las aportaciones técnicas de Chapman a la F1, algunas funcionaron y otras no, pero cuando hace ahora unos diez años la FIA realizó una encuesta entre los Ingenieros Jefes de todos los equipos de F1 de la época (Rory Byrne, Ross Brawn, Adrian Newey,...) de cuáles habían sido las evoluciones técnicas a su entender más relevantes de los primeros 50 años de F1, de las 10 más votadas por ese elitista elenco de ingenieros 6 eran creaciones de Colin Chapman. Ideas suyas fueron el chasis monocasco frente al tubular, la incorporación de los alerones delantero y trasero, los pontones laterales de admisión de aire, las suspensiones traseras ancladas a la caja de cambios, las suspensiones activas o el efecto suelo... sí, sin duda la F1 de hoy sería muy distinta a lo que es de no haber existido Colin Chapman.

Todo el reconocimiento que Chapman recibía de sus colegas ingenieros se transformaba en pavor cuando eran los pilotos quienes hablaban de él. Colin tenía la filosofía de que sus
coches de carreras no era necesario que siguieran funcionando una vez cruzaran la meta, por lo que los estudios de fiabilidad de sus monoplazas no iban más allá de los kilómetros que debían aguantar en pista en un GP, lo que en muchas ocasiones le llevó a traspasar el límite de la seguridad mecánica. 


Los Lotus eran los coches más rápidos, pero también los que mayor número de accidentes sufrían; es muy conocida la terrible anécdota protagonizada por el piloto austríaco Jochen Rindt quien siendo piloto de Brabham recibió una oferta de Lotus para
correr con ellos en 1969. Consultó al respecto a su mánager y amigo personal Bernie Ecclestone, quien le respondió lacónicamente con la que era la opinión generalizada del paddock: "Si quieres ser Campeón del Mundo, vete con Lotus; si quieres seguir vivo, quédate en Brabham". Proféticas palabras de Bernie; Rindt fichó por Lotus en 1969 y en 1970 ganó el Campeonato del Mundo... a título póstumo, pues falleció en un accidente durante los entrenamientos del GP de Italia de aquel año al bloqueársele la dirección en una curva y estrellarse frontalmente contra el muro.

No era Colin Chapman un ingeniero muy popular entre los pilotos, pero en aquel 1969 en que fichó a Rindt Lotus ya era un equipo consagrado, bicampeón del mundo; más difícil lo tenía en 1960 cuando, tras la marcha de Graham Hill y el accidente de Stirling Moss, Jim Clark se convertía en su primer piloto. Clark se definía a sí mismo como "un granjero escocés que se divierte con las carreras de coches"; él no era un experto en ingeniería mecánica como sus rivales Jack Brabham o Bruce McLaren, él apenas sabría arreglar un pinchazo en una rueda, él sólo sabía pilotar, subirse al coche y hacerlo ir rápido, muy rápido; quizás por eso Chapman dijo de él que era "el piloto perfecto". 


Como conductor, Clark tenía dos características que le hacían muy especial: la rapidez y la capacidad de serlo con cualquier monoplaza; Jim desesperaba a los ingenieros de Lotus en los entrenamientos, porque por más que tocaran el coche, lo ajustaran, probaran diferentes alternativas de configuración, él marcaba siempre el mismo tiempo; sólo Chapman le entendía, porque el gran ingeniero no se fijaba en sus tiempos sino en sus palabras, y así lo reconocía Clark delante de los periodistas tras un GP:

.- Colin es el mejor; cuando llego a boxes tras una tanda de entrenamiento le digo "se va de delante en las curvas" o "falta aceleración en las rectas" y él lo arregla.
.- Pero señor Clark, sus tiempos han sido idénticos en cada sesión ¿de verdad le han tocado algo en el coche?
.- ¡Claro que lo han tocado! Cada vez que salía a pista el
coche era muy diferente, Colin había arreglado lo que le había dicho, como es su obligación como ingeniero.
.- Pero ¿y sus tiempos, idénticos en cada serie?
.- Bueno, ésa es mi obligación como piloto.

Sin duda Colin Chapman era un gran ingeniero, pero acaso de no haberse cruzado en sus primeros años con un piloto tan versátil como Clark el mundo nunca hubiera llegado a saberlo. Para poder desarrollar sus extraordinarias ideas, en el sentido de ideas fuera de lo común, Chapman necesitaba de un piloto sin condicionantes, rápido en cualquier circunstancia, un piloto que sólo supiera correr sin importarle cómo ni con qué lo hacía, un "piloto perfecto", un piloto como Jim Clark. 


Cuando Clark ascendió a la F1 firmó con Chapman un contrato sólo hasta final de temporada; año tras año ambos siguieron firmando un contrato tan sólo hasta final de temporada, incluso cuando ya habían sido bicampeones mundiales; pero año tras año firmaron ese contrato, Chapman no podía encontrar un piloto que le permitiera probar sus ingenios como Jim, ni Clark un ingeniero que le comprendiera cuando hablaba como Colin, sólo la muerte del piloto pudo separarlos.

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