miércoles, 20 de marzo de 2013

ESPECIALES - LAS 500 MILLAS DE INDIANÀPOLIS EN F1






UNA HISTORIA SIN FINAL FELIZ



Aquella victoria de un F1 en las 500 Millas de Indianápolis '65 supuso un hito en la historia del automovilismo deportivo, pues de alguna forma era la primera victoria de un coche y de un piloto europeo en la meca del motor estadounidense. Pero sus consecuencias no fueron mucho más allá de la anécdota; una vez ganadas las 500 Millas de Indianápolis Colin Chapman y Jim Clark se centraron en el Mundial de F1, que precisamente ganaron aquel año por segunda vez. 

Al año siguiente, en 1966, las 500 Millas de Indianápolis volvieron a ser ganadas por un F1, en este caso el Lola conducido por Bruce McLaren, pero a partir de ese año el automovilismo europeo y el americano se separaron quizás para siempre; la F1 no volvió a las 500 Millas de Indianápolis, que una vez conquistadas en dos años consecutivos habían dejado de ser un reto técnico para sus equipos.

Los estadounidenses siguieron con sus competiciones propias, la Fórmula Indy y la NASCAR, mientras los europeos expandían el concepto de la F1 por todo el mundo. El GP de EE.UU. de F1 se ha venido disputando con escasas excepciones desde 1959 hasta 2007, incluso entre los años 1981 y 1983 se llegaron a disputar dos y hasta tres GP en EE.UU. en la misma temporada. Pero no sería hasta el año 2000 que la F1 volvería al circuito de Indianápolis, donde se estuvo disputando el GP de EE.UU. de F1 hasta el 2007, si bien como certamen separado de sus famosas 500 Millas y con el formato GP. 

En cualquier caso, para el público del motor norteamericano la F1 sigue siendo una competición ajena que apenas ocupa espacio en los medios de comunicación, abrumadoramente seguidores de sus propias competiciones.

Junto a Jim Clark y Colin Chapman, la Ford obtuvo un éxito clamoroso en las 500 Millas de Indianápolis de 1965; fue el primero de nada menos que 7 triunfos consecutivos, el inicio de una exitosa carrera del gigante de la automoción norteamericano en el automovilismo deportivo de alto nivel. 

Chapman intentó convencer a la Ford para seguir trabajando juntos, ya en el ámbito del Mundial de la F1, pero sin éxito, a la empresa estadounidense sólo le interesaban los campeonatos propios de su país. Sin embargo, accedieron a licenciar el motor que habían construido para las 500 Millas en colaboración con Lotus y sería la fábrica inglesa Cosworth la elegida para fabricarlo, dando de este curioso modo inicio a una época de grandes éxitos como motorista que les ha permitido sobrevivir hasta nuestros días.

Como curiosidad cabe señalar que Jim Clark ganó en aquella temporada de F1 seis de las siete primeras carreras, sólo falló en el GP de Mónaco, que no disputó para poder tomar parte en las 500 Millas y que de haberlo hecho seguramente habría ganado, tal era su superioridad aquel año. 

De esta forma, Clark no contó nunca en su palmarés con la victoria en el GP de Mónaco de F1, su mejor posición fue el 4º puesto en 1964, aunque sí con la victoria en las 500 Millas. Una lástima, porque "el piloto perfecto" que nombró Colin Chapman hubiera sido un digno ocupante del trono reservado a aquellos que consigan ganar al menos dos de las tres grandes citas del automovilismo deportivo en pista: las 500 Millas de Indianápolis (la excelencia en velocidad pura), las 24 Horas de Le Mans (la excelencia en fiabilidad mecánica) y el GP de Mónaco de F1 (la excelencia en el pilotaje).

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