martes, 30 de abril de 2013

PERFILES - MIKE TYSON (1966-)





EL CAMPEÒN MÀS PRECOZ




Fue el rey indiscutido de los peso pesado y el boxeador más popular de los últimos tiempos. Ganó 300 millones de dólares, pero entre excesos y juicios se las arregló para quedarse sin un centavo. Tras pasar tres años en la cárcel, volvió al boxeo y fue campeòn. Luego su carrera volviò a rodearse de escàndalo y miserias. Prolongò su trayectoria deportiva hasta dar lástima en el cuadrilátero. El hombre invencible se habìa convertido en un mortal vulnerable. Para salir de la bancarrota, recorriò el mundo haciendo exhibiciones, se paseò por los casinos de Las Vegas, bailò en shows televisivos y hasta filmò una pelìcula.


Lo tuvo todo, y todo lo perdió. La suya es una vida de película: de la nada a la nada, con escala en el todo. Fue el Rey Midas del ring; todo lo que tocaba con sus puños lo convertía en oro. Parecía indestructible, pero al cabo, para placer de los moralistas y de los enemigos del boxeo, resultó ser un ídolo con pies de barro. Que demostró cuán cierto es aquello en palabras de Norman Mailer de que cuanto más grandes son, más ruido hacen al caer. 

De una zona pobre de Brooklyn (nacido el 30 de Junio de 1966) a la miserable barriada de Brownsville, ése fue el camino que siguió un joven Mike. En esas calles violentas, entre drogones y pandilleros, dio sus primeros pasos. Era un chico sensible, según la leyenda familiar. Inseparable compañero de su hermana Denise, tenía modales suaves y una voz aflautada que le valió el mote de Principito entre los vagos de la manzana. Se dice que era un grandote de buen corazón, y que lo que más amaba en el mundo era a su palomita. Se dice, también, que toda la agresividad que tenía guardada encontró su cauce cuando un grandulón del barrio ahorcó a su mascota. Y que esa(la del grandulón) fue la primera nariz que rompió, a la tierna edad de siete años.

Habrá sido la emoción, la adrenalina de la pelea. El caso es que desde entonces, Mike mutó en un personaje a tono con el barrio. El resto de su infancia se le escurrió desandando el escalafón de la escuela del crimen. Se encandiló con la plata dulce de los negocios de la zona. Robó, huyó, lo pescaron más de una vez. A los 12 años, cuando cayó en desgracia por robarle la cartera a una anciana ,ya tenía un interesante récord delictivo: robos con armas, hurtos, salideras.

Un juez lo envió a la escuela Tyron –un reformatorio–, donde volvió a demostrar alergia a la autoridad. Iba camino a la cárcel, cuando un profesor de educación reparó en su cuerpo fornido y fibroso, calibró su instinto asesino. Bobby Stewart, que había sido boxeador, vio al púgil que Tyson llevaba escondido y se propuso moldearlo. Un par de lecciones le alcanzaron para saber que el chico necesitaba un entrenador profesional.

Así entró en escena Cus D’Amato, quien sería un padre adoptivo para Mike. El entrenador –que había hecho a Floyd Patterson campeón de los peso pesado– obtendría la guarda legal de su pupilo en 1984. D’Amato hizo todo por Tyson: para alejarlo de las malas juntas, se lo llevó a vivir a su casona y entre fintas y jabs le dictó una filosofía de vida que más tarde le serviría en el ring. “Cus fue más que un padre para mí, fue mi columna vertebral. Me enseñó que los héroes y los cobardes son iguales, pero el héroe proyecta su miedo en su oponente en vez de correr”, lo recordó Mike alguna vez.

D’Amato murió en noviembre de 1985, de neumonía. Se fue en paz: unos meses antes, había visto cómo su niño mimado noqueaba a un tal Héctor Mercedes en el primer round de su primera pelea a nivel profesional. Pronto, todo el ambiente del boxeo hablaba del chico de los puños de acero, del futuro campeón que tenía alma de gladiador. Que usaba su sed de sangre para demoler al rival y daba miedo.

A poco de andar –el 22 de noviembre de 1986–, Tyson le daba la razón a los que apostaban por él destrozando a Trevor Berbick en el segundo round y poniéndose el cinturón del campeón mundial de los peso pesado. Tenía 20 años y monedas; era el campeón más joven de la historia. La era post-Ali acababa de comenzar. Pequeño en estatura para su categòria, Mike Tyson supuso una nueva figura fìsica para el epìtome del peleador pesado. Con una estructura enorme en apenas 1,78 metro y 106 kilos de puro músculo gobernados por un cerebro bestial. 
 
“Soy feliz mientras peleo”, decía, y alimentaba su fama de noqueador. Era un toro salvaje, puro cuello, el rey del mundo. Empezó a voltear muñecos: nadie apostaba en su contra, lo único que se discutía era en qué round el rival de turno mordería el polvo. Retuvo su título a piacere, y ni siquiera Larry Holmes pudo con él: en el cuarto round, cayó groggy.

La vida le sonreía, y hasta se dio el lujo de conquistar a una mujer bellísima, la actriz Robin Givens. Entre promesas de amor eterno, la desposó en febrero de 1988. Cuatro meses más tarde, ella lo acusaría de violencia doméstica, lo tildaría de maníaco depresivo y pavimentaría el camino hacia un divorcio exprés.

Mientras Iron Mike se asociaba con Don King –mítico y polémico promotor de peleas–, se prendían las primeras luces de alarma en torno del boxeador estrella. Nadie podía sospechar que 1989 sería el año de su apogeo, que luego todo iría de mal en peor. El hombre que sólo había precisado 83 segundos para liquidar al durísimo Carl Williams, estaba a punto de venirse abajo. Mientras gritaba “quiero pelear, quiero destruir el mundo”, el principio de su fin se acercaba. Había olvidado una enseñanza de D’Amato: “La soberbia no sirve; quien se hincha, revienta”.

Fue la noticia del día, aquel 11 de febrero de 1990: James Douglas, el retador de la corona daba el gran golpe y noqueaba al hombre indestructible, al que había predicho que nunca jamás nadie le haría besar la lona. Fue, si se lo mira en retrospectiva, lo menos malo que le pasó en esos tiempos complicados. Aunque para el boxeo fue la sorpresa màs grande de su historia.

El 18 de julio de 1991 Tyson cometería el peor error. En una habitación de hotel, un encuentro con la modelo Desiree Washington –que venía de concursar en el certamen Miss Black America– sellaría su destino. Cuatro días después, la chica de 18 años presentaba una demanda contra el boxeador; lo acusaba de violación, un delito mucho más grave que los que lo habían llevado al reformatorio. Desde entonces, vivió para visitar tribunales. En marzo de 1992, la jueza Patricia Gifford desoyó los pedidos de su defensa y lo condenó a diez años de prisión.

Fue a dar con su humanidad a la cárcel de Plainfield –en el estado de Indiana–, donde prepoteó a los guardias, leyó a Tolstoi y se enamoró de Monica Turner, una estudiante de medicina que lo visitaba dos veces a la semana.

Recién volvió a ver la luz del día el 25 de marzo de 1995, y a los pocos meses parecía rehabilitado: derrotaba en 89 segundos a su retador, Peter McNeeley, en Las Vegas. Luego, enhebró otras tres victorias por KO como preparación para una pelea mundialista y la recuperaciòn del cinturòn frente al temible Frank Bruno, al que destrozò en minutos. El Rey habìa vuelto, pero ya no podìa esquivar a Evander Holyfield, quien desde comienzos de los '90 se interponìa en su camino. 
 
Tras bravuconadas varias, se vieron la cara sobre el cuadrilátero el 9 de noviembre de 1996. Era David contra Goliath. El Hombre de Acero, quedó patente, ya no era el mismo y Holyifield con su enorme tècnica lo dominò por completo. El árbitro Mitch Halpern paró la pelea en el penúltimo round, cuando Tyson ya no daba más.

Medio año más tarde, la noche del 28 de junio de 1997, fue tiempo de revancha. Y de vergüenza. Cortado en una ceja, harto de recibir golpes sin poder encajar uno como la gente, Tyson se la tomó con la oreja de Holyfield. Una, dos veces mordió el lóbulo, y se quedó con un retazo del pabellón auditivo de su rival entre los dientes. Los millones de televidentes no podían creer tamaña reacción, tan poca tolerancia a la frustración. Iban recién por el tercer round y quedó claro que ante la impotencia, salía a la luz el peor Mike, tan parecido a aquel adolescente pendenciero que Cus D’Amato intentó enderezar. Empezaba el tiempo de la decadencia final.

El campeón invencible, el que había dicho que “aparte del boxeo, todo es aburrido”, había llegado demasiado lejos. Cuando un tabú es violado, cuando se rompe una regla no escrita del pugilismo y la sinrazón triunfa, el pronóstico no es nada bueno. Por supuesto, las cosas no harían sino empeorar y su licencia boxìstica fue revocada por la Comisiòn de Nevada.

Apenas comenzó 1998, el ex campeón cayó en la cuenta de que del dinero ganado a los golpes –unos 300 millones de dólares–, le quedaba poco y nada. Demandò a Don King, al que acusaba de haberle robado varias decenas de millones.

Por años, del Tyson boxeador no hubo casi noticias. Claro, pasaba más tiempo en el buffete de sus letrados que en el gimnasio. Sin embargo, cada tanto peleaba con un rival menor, cosa de engordar su cuenta bancaria y hacerle frente a alguna deuda impostergable. Al mismo tiempo perseguìa una improbable nueva oportunidad mundialista persiguiendo el inalcanzable sueño de ser campeòn mundial por tercera vez. Un Lennox Lewis en su àpice se interpuso en su camino y acabò con toda esperanza el 8 de Junio de 2002.

De mal en peor, Mike fue bajando peldaño a peldaño hacia el infierno de la pobreza. Sus dos últimas presentaciones, frente a rivales de cuarta categoría, fueron un fiasco: gordo y lento, recibió dosis duplicadas de la que fue su antigua medicina, el KO. El final se predecìa inevitable.


El que supo ser El Hombre de Acero , el Chico Dinamita, ya no es ni la sombra del que fue alguna vez. Su sonrisa torcida, que ayer nomás infundía pánico, devino en mueca patética. Ni rastro queda de su soberbia en el pinàculo de su fama. Hoy, Mike Gerard Tyson es un muñeco de marketing dispuesto a hacer lo que sea por un puñado de dólares. Un maníaco depresivo que vive recetado y en bancarrota. Un ìdolo devastado, carcomido por sus propios tormentos, preso de la sombra del inexpugnable Rey Pesado que en su mejor època fue.




Ficha:

Apodo:        Iron Mike
Estilo:       Ortodoxo
Peso:         Peso pesado
Nacionalidad: Estados Unidos
Trayectoria:  1985-2005
 
Estadísticas:

Total Combates:        58
Victorias:             50
 • Por nocaut:         44
Derrotas:              6
Sin Decisiòn:          2
Reinado:               4 años
Peleas por el Tìtulo:  15    



Fuente de Archivo: Diego Heller para el Suplemento Deportivo de Clarìn. 



  

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