lunes, 5 de agosto de 2013

ARTÌCULOS - EL VERDADERO GRIFFITH (Revista Sports Illustrated, 2005)






CON LA MUERTE A CUESTAS




La primera pelea que sostuvieron estos dos gladiadores fue el 1º de abril de 1961, con  una victoria para Griffith sobre Paret que lo había llevado al título mundial de los pesos welter. Esta funesta noche de 1962 era la tercera vez que se enfrentaban ambos boxeadores. Su encarnecida rivalidad comenzo aquella noche del primero de abril del 1961, donde Griffith ganó por KO en el round 13 y mientras que el 30 de septiembre de ese mismo año Paret conquistó el título mundial gracias a una criticada decisión de los jueces a su favor.

Un 24 de marzo de 1962, Emile Griffith noqueó técnicamente en 12 rounds a Benny Kid Paret, en el Madison Square Garden de Nueva York. Diez días después, el cubano murió.  Inconsciente y en Coma, Paret bajó del cuadrilátero en un precario estado de salud del cual jamás se recuperó. El Roosvelt Hospital vio morir, el 3 de abril del 1962, al hombre nacido en Santa Clara que había peleado otra dos veces frente al norteamericano.

Un par de emigrantes de islas diferentes volvían a encontrarse arriba del ring. Paret, de 25 años, cortador de caña de azúcar en su natal Cuba, bailarín de chachachá y con un hijo de dos años (Paret Jr.) quien aparecía en las fotos siempre montado en los hombros de un campeón welter que irónicamente anunciaba que el tercer combate ante Emile sería el último de su vida. En la otra esquina estaba Griffith, hombre proveniente de las Islas Vírgenes que sueña en convertirse en diseñador de sombreros, quien trabaja en una fábrica de chisteras y bombines y un día es descubierto por el dueño Howie Albert, ex pugilista amateur, quien decide que ese cuerpo era para estar en los cuadriláteros y no en una tienda de sombreros.

¡Maricón! Esa palabra desconocida la escuchó Emile Griffith durante la sesión de pesaje, en el segundo combate ante Kid Paret. Griffith le había arrebatado el título welter el 1 de abril de 1961 y era el momento de la revancha para Kid Paret. Emile, quien perdió el cinturón ante el Kid, sabía que aquella era una palabra dicha en castellano, pero la sonrisa burlona del cubano le indicaba que no era un halago. Pronto entendería el significado y, furioso, esperaba el tercer combate.  Aquella palabra, en un idioma desconocido, había martillado la cabeza de Emile durante seis meses. Y luego se aparecía el campeón cubano, Benny Paret, para volverse a burlar del pugilista de las Islas Vírgenes, el negrazo con cuerpo de modelo: Emile Griffith.

Muchos hablaban de los gustos de Emile por otros hombres, sin embargo periodistas y boxeadores sabían que había un código y ése era no meterse en asuntos que se desarrollaran abajo del cuadrilátero. Dice el historiador norteamericano Neal Gabler (Documental Ring of fire/2005) que en el Nueva York de los años 60 ser homosexual era más penado que declararse gangster o asesino. Sin embargo la gente comenzaba a susurrar... esa voz aguda... esos pantalones tan apretados... esos jóvenes latinos que lo acompañan a las fiestas. Podrían existir escritores, actores y músicos homosexuales, pero no un campeón del mundo cuyos puños imponían la ley del más fuerte arriba del ring. Un gay y un boxeador no podían habitar el mismo cuerpo.

Paret anunciaba a la prensa que el tercer duelo ante Griffith sería el último de su vida. Burlón y rumbero se asomó a la sesión de pesaje moviendo las caderas y tocándose el trasero. De su boca salía de nuevo ese susurro que soltaba un “maricón” que llegaba a oídos de su oponente. Esta vez Griffith sabía el significado de la ofensa y no estaba dispuesto a quedarse callado. Esa noche, en el Madison Square Garden, Griffith dio una golpiza a Kid Paret durante el duodécimo asalto. De nuevo la sonrisa burlona ante el oponente equivocado, otra vez el susurro ofensivo y la creencia de que el boxeador de Islas Vírgenes desconocía el significado de un vocablo homofóbico.

La emoción en los siete mil 600 espectadores, algunos fumando sus Lucky Strike, se transformó en horror al mirar a Griffith chocando una y otra vez ambos puños ante el rostro de un hombre que ya no respondía a las agresiones. Cuentan los comentaristas de aquel combate que Emile sacudió el cráneo de Kid Paret por 29 ocasiones, sin que el réferi Ruby Goldstein intentara detener lo que algunos años más tarde calificarían como un “asesinato gay”. La TV, en blanco y negro, repitió en varias ocasiones los momentos en los que Paret está en una esquina del ring, colgado de las cuerdas y sin responder a los golpes de un hombre furioso, herido moralmente. El cuerpo cubano quedaría tendido en la lona, mientras el tercer hombre en el cuadrilátero levantaba la diestra de un Griffith mortificado.

Aquella fue la primera de diez noches que Benny Paret pasó en terapia intensiva del Roosevelt Hospital, donde no volvería a abrir los ojos. Su viuda no permitiría la entrada al lugar a Emile, mientras la prensa atacaba al réferi, quien no volvería a subirse a cuadrilátero alguno. Benny Kid Paret moriría en el hospital y al domicilio de Griffith llegarían llamadas telefónicas. Voces en castellano. Le gritaban mono y maricón.
Griffith seguiría combatiendo, pero el miedo a matar a otro rival lo convirtió en un peleador menos agresivo. Años más tarde, el cinco veces campeón del mundo (welter y medio) pelearía ante pugilistas de la talla del argentino Carlos Monzón y el cubano-mexicano José Ángel Mantequilla Nápoles.

Emile Alphonse Griffith se retiraría en 1977 con el trauma de haber matado en el ring a un rival, el que se convertiría en un fantasma y se entrometería en sus sueños. A veces lo soñaba sentado junto a él, en un autobús. Las otras, ambos en el Madison Square Garden, arriba del ring, y en el aire esa palabra que ofende a cualquiera. Más a aquel que calló durante tantos años su doble personalidad.

En 2005, la revista deportiva Sport Illustrated mostró al verdadero Griffith, un hombre pobre, que a los 67 años declaró abiertamente sus preferencias sexuales, algo que ya no era novedad para muchos. También se supieron los motivos por la saña con la que Griffith golpeó a Paret, aquella noche del marzo del '62.

“Nadie me llama maricón”, respondería aquel hombre sexagenario, quien reconoció que en aquellos tiempos desconocía el significado de la palabra.Asombroso, pero muchos amantes al boxeo de los años 60 se enteraban 40 años más tarde que Emile había sido ofendido por su adversario. Incluso The New York Times reconoció que en aquellos años cambió la palabra “maricón” por la de “anti-hombre”, algo que molestó al reportero Howard Tuckner por cambiarle el sentido a su crónica.

Griffith, ya viejo, argumentó que “sigo preguntándome lo extraño que es todo esto. Mato a un hombre y la mayoría lo entiende y me perdona. Sin embargo, amo a un hombre y esa misma gente lo considera un pecado imperdonable. Aunque nunca fui a la cárcel, he estado en prisión casi toda mi vida”.

La misma historia sería contada en 2008 por el escritor Ron Ross en el libro Nine, ten... and out. The two worlds of Emile Griffith, en el que el personaje pugilista confesó : Me gustan tanto los hombres como las mujeres. Pero no me gustan las palabras homosexual, gay o maricón. No sé lo que soy. Amo por igual a hombres y mujeres, pero si me preguntan cúal es mejor... me gustan más las mujeres”.

En una visita a su natal Saint Thomas, Emile conoció en una noche de baile a Sedie a la que le pediría matrimonio luego de cuatro horas de convivencia. Ella le respondería que estaba loco, que no se conocían en realidad. Dos meses después se concretaría una boda que calmaría un poco los rumores sobre el pugilista homosexual. Y sin embargo no era novedad para muchos encontrar al todavía campeón del mundo en algún bar gay neoyorquino, en el que Emile entraba y salía por la puerta principal. Nada de salidas por la puerta de la cocina o cubierto con gafas y sombreros.

De hecho el morbo por ir al box y mirar a un hombre “gay y asesino” aumentó el número de espectadores. El boxeo era calificado por brutal y sanguinario por algunos, pero también era un mundo en el que todo podía pasar. Emile fue golpeado afuera de un bar gay, en alguna ocasión, y estuvo a punto de morir debido a la crueldad que utilizaron los hombres que lo atacaron. No se supo si fue un ataque homofóbico, pero los golpes con bates lo dejaron muy mal. Emile volvería a boxear, pero su carrera iba de bajada.

Cuando Griffith se retiró comenzaron las entrevistas y el constante recuerdo de aquella noche trágica en el Madison Square Garden. Cada vez que Emile tenía que recordar a Benny Paret brotaba la palabra denigrante y de nuevo pedir perdón, a la distancia, a la viuda de Kid y a su hijo Paret Jr.

Con el paso de los años, Griffith se quedó en la miseria y con lagunas mentales. Para su tranquilidad, durante la realización del documental Ring of fire Griffith y Paret Jr. tuvieron la oportunidad de encontrarse. Ambos terminaron llorando y unidos en un sentido abrazo.  Lamentablemente, para él, será recordado como el pugilista que mató a su rival tras ser agredido verbalmente. El campeón del mundo que se atrevió a declarar su amor a personas del mismo sexo, en los años que confesarse homosexual era un atrevimiento imperdonable.

Los periódicos de entonces no hacían más que especular, en un viejo muro habían pegado unos carteles con letras rojas y azules que decía: Esta noche, Emile Griffith vs. Benny “KId” Paret, el momento de la verdad, muchos ojos no podían creer lo que veían era una noche llena de grandes expectativas. Tan caldeado esta el ambiente que se podía notar en el público. Esta pelea resultaba ser una gran batalla entre dos colosos del ring, pero con una diferencia. Había algo personal entre los dos boxeadores. Tiempo después, Griffith reflexionó respecto a su condición sexual y la mirada de la sociedad: "Sigo pensando qué extraño es todo. Maté a un hombre y la mayoría de la gente lo entiende y me perdona. Sin embargo, amo a un hombre y para mucha gente eso es un pecado imperdonable que me convierte en una mala persona".


Fuente de archivo: Revista Sports Illustrated, 2005

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