martes, 6 de agosto de 2013

ESPECIALES - RING OF FIRE: THE EMILE GRIFFITH STORY (2005)




MORIR DOS VECES



Aquella palabra, en un idioma desconocido, había martillado la cabeza de Emile durante seis meses. Y luego se aparecía el campeón cubano, Benny Paret, para volverse a burlar del pugilista de las Islas Vírgenes, el negrazo con cuerpo de modelo: Emile Griffith.

Un par de emigrantes de islas diferentes volvían a encontrarse arriba del ring. Paret, de 25 años, cortador de caña de azúcar en su natal Cuba, bailarín de chachachá y con un hijo de dos años (Paret Jr.) quien aparecía en las fotos siempre montado en los hombros de un campeón welter que irónicamente anunciaba que el tercer combate ante Emile sería el último de su vida. En la otra esquina estaba Griffith, hombre proveniente de las Islas Vírgenes que sueña en convertirse en diseñador de sombreros, quien trabaja en una fábrica de chisteras y bombines y un día es descubierto por el dueño Howie Albert, ex pugilista amateur, quien decide que ese cuerpo era para estar en los cuadriláteros y no en una tienda de sombreros.

¡Maricón! Esa palabra desconocida la escuchó Emile Griffith durante la sesión de pesaje, en el segundo combate ante Kid Paret. Griffith le había arrebatado el título welter el 1 de abril de 1961 y era el momento de la revancha para Kid Paret. Emile, quien perdió el cinturón ante el Kid, sabía que aquella era una palabra dicha en castellano, pero la sonrisa burlona del cubano le indicaba que no era un halago. Pronto entendería el significado y, furioso, esperaba el tercer combate. Muchos hablaban de los gustos de Emile por otros hombres, sin embargo periodistas y boxeadores sabían que había un código y ése era no meterse en asuntos que se desarrollaran abajo del cuadrilátero.

Dice el historiador norteamericano Neal Gabler (Documental Ring of fire/2005) que en el Nueva York de los años 60 ser homosexual era más penado que declararse gangster o asesino. Sin embargo la gente comenzaba a susurrar... esa voz aguda... esos pantalones tan apretados... esos jóvenes latinos que lo acompañan a las fiestas. Podrían existir escritores, actores y músicos homosexuales, pero no un campeón del mundo cuyos puños imponían la ley del más fuerte arriba del ring. Un gay y un boxeador no podían habitar el mismo cuerpo.

Paret anunciaba a la prensa que el tercer duelo ante Griffith sería el último de su vida. Burlón y rumbero se asomó a la sesión de pesaje moviendo las caderas y tocándose el trasero. De su boca salía de nuevo ese susurro que soltaba un “maricón” que llegaba a oídos de su oponente. Esta vez Griffith sabía el significado de la ofensa y no estaba dispuesto a quedarse callado.
Noche trágica en marzo de 1962
 
Esa noche, en el Madison Square Garden, Griffith dio una golpiza a Kid Paret durante el duodécimo asalto. De nuevo la sonrisa burlona ante el oponente equivocado, otra vez el susurro ofensivo y la creencia de que el boxeador de Islas Vírgenes desconocía el significado de un vocablo homofóbico.

La emoción en los siete mil 600 espectadores, algunos fumando sus Lucky Strike, se transformó en horror al mirar a Griffith chocando una y otra vez ambos puños ante el rostro de un hombre que ya no respondía a las agresiones. Cuentan los comentaristas de aquel combate que Emile sacudió el cráneo de Kid Paret por 29 ocasiones, sin que el réferi Ruby Goldstein intentara detener lo que algunos años más tarde calificarían como un “asesinato gay”.
La TV, en blanco y negro, repitió en varias ocasiones los momentos en los que Paret está en una esquina del ring, colgado de las cuerdas y sin responder a los golpes de un hombre furioso, herido moralmente. El cuerpo cubano quedaría tendido en la lona, mientras el tercer hombre en el cuadrilátero levantaba la diestra de un Griffith mortificado.

Aquella fue la primera de diez noches que Benny Paret pasó en terapia intensiva del Roosevelt Hospital, donde no volvería a abrir los ojos. Su viuda no permitiría la entrada al lugar a Emile, mientras la prensa atacaba al réferi, quien no volvería a subirse a cuadrilátero alguno. Benny Kid Paret moriría en el hospital y al domicilio de Griffith llegarían llamadas telefónicas. Voces en castellano. Le gritaban mono y maricón.
Griffith seguiría combatiendo, pero el miedo a matar a otro rival lo convirtió en un peleador menos agresivo. Años más tarde, el cinco veces campeón del mundo (welter y medio) pelearía ante pugilistas de la talla del argentino Carlos Monzón y el cubano-mexicano José Ángel Mantequilla Nápoles.

Emile Alphonse Griffith se retiraría en 1977 con el trauma de haber matado en el ring a un rival, el que se convertiría en un fantasma y se entrometería en sus sueños. A veces lo soñaba sentado junto a él, en un autobús. Las otras, ambos en el Madison Square Garden, arriba del ring, y en el aire esa palabra que ofende a cualquiera. Más a aquel que calló durante tantos años su doble personalidad.

Ring of fire: The Emile Griffith story (2005) arranca y te cuenta todo de un saque: que Emile Griffith mató a un rival en el ring el 24 de marzo de 1962, en el Madison Square Garden de Nueva York en una pelea por el título, televisada en vivo y en directo. Y que lo hizo porque le dijo maricón. Lo único que deja para un poco más adelante es que Griffith se enojó porque no es “maricón”, sino que le gustan los hombres y las mujeres por igual y no sabe bien qué es. ¿No queda nada para después? Sí, queda todo.

Queda la historia de un boxeador llegado a Estados Undidos desde Islas Vírgenes en los años 50, un grande de la categoría mediano, seis veces campeón mundial, que tuvo que ocultar su bisexualidad durante décadas porque ser bisexual o gay a mediados del siglo XX ya era difícil. Y ser además un boxeador bisexual… olvídate. También queda la historia de Benny Kid Paret, el cubano que sufrió la furia de Griffith, la historia de su viuda y su hijo. La historia de un deporte que muchos no quieren llamar deporte y que cada tanto, cada muerte, desempolva el debate. 

Queda también el relato de una época, las imágenes de una rivalidad histórica (tres peleas por el título mundial mediano, siempre con cambio de dueño). Y también queda el papel de los medios. Queda ver a Benny Paret (que había tirado y dejado casi nocaut en el sexto a Griffith) inconsciente en el rincón en el que su rival lo había molido a golpes de bronca (Paret recibió unos 25 golpes sin atinar defensa, y solo se mantuvo en pie porque Griffith no lo dejaba caer, ya que lo tenía preso contra las cuerdas) , mientras un periodista entrevista al nuevo campeón, que no puede dejar de ver a su rival mientras es atendido. Paret no murió en el ring. Falleció 9 días después en el hospital, sin haber recuperado nunca la consciencia.

Queda, obviamente, la verdad de Griffith, que no era un tipo violento. Queda verlo como diseñador de sombreros en su juventud, y verlo hoy, como un abuelo que reconoce su condición sexual y que ya no puede reconocer muchas cosas más. Y que, pese a haber hecho otras 80 peleas después de la de la desgracia, jamás volvió a ser el mismo. “Muchas veces he contenido la fuerza de mis golpes por temor a repetir la historia”, confesó años después el virginiano, el púgil con más rounds disputados en la historia del Madison Square Garden. 

Griffith no fue condenado socialmente por lo que pasó con Paret, y esto se lee en un detalle de su carrera: pudo volver a pelear y a ser campeón del mundo. Pero Griffith sí fue condenado por su condición sexual, reconocida en parte en una nota de Sports Illustrated en 2005, a los 67 años, y en 2008, confirmada por el libro “Nine-Ten-and Out”, del periodista Ron Ross. “Yo maté a un hombre y la mayoría de las personas lo entiende y me perdona. Sin embargo, yo amo a un hombre y eso para muchas personas es imperdonable”. Un cross de Griffith al mentón de la pacatería y la hipocresía de una sociedad, que, por ejemplo, no tiene reparos en mandar a sus hijos a la guerra constantemente. “Esto del boxeo no es nada en uno de los países más violentos del mundo como Estados Unidos”, dice el periodista de origen latino Juan González en el documental.

Un final emotivo concluye el documental con el encuentro entre Griffith y el hijo de Kid Paret en el cementerio, más de 40 años después del trágico combate. Queda ver a un hijo que creció sin su padre y a un hombre que murió, un poco junto a su rival, aquel 24 de marzo de 1962.


Fuente de archivo: http://laclaquetanosemancha.blogspot.com.ar/2013/03/matar-al-rival-la-historia-de-emile.html 


Clip - documental completo:





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