martes, 30 de abril de 2013

PERFILES - MIKE TYSON (1966-)





EL CAMPEÒN MÀS PRECOZ




Fue el rey indiscutido de los peso pesado y el boxeador más popular de los últimos tiempos. Ganó 300 millones de dólares, pero entre excesos y juicios se las arregló para quedarse sin un centavo. Tras pasar tres años en la cárcel, volvió al boxeo y fue campeòn. Luego su carrera volviò a rodearse de escàndalo y miserias. Prolongò su trayectoria deportiva hasta dar lástima en el cuadrilátero. El hombre invencible se habìa convertido en un mortal vulnerable. Para salir de la bancarrota, recorriò el mundo haciendo exhibiciones, se paseò por los casinos de Las Vegas, bailò en shows televisivos y hasta filmò una pelìcula.


Lo tuvo todo, y todo lo perdió. La suya es una vida de película: de la nada a la nada, con escala en el todo. Fue el Rey Midas del ring; todo lo que tocaba con sus puños lo convertía en oro. Parecía indestructible, pero al cabo, para placer de los moralistas y de los enemigos del boxeo, resultó ser un ídolo con pies de barro. Que demostró cuán cierto es aquello en palabras de Norman Mailer de que cuanto más grandes son, más ruido hacen al caer. 

De una zona pobre de Brooklyn (nacido el 30 de Junio de 1966) a la miserable barriada de Brownsville, ése fue el camino que siguió un joven Mike. En esas calles violentas, entre drogones y pandilleros, dio sus primeros pasos. Era un chico sensible, según la leyenda familiar. Inseparable compañero de su hermana Denise, tenía modales suaves y una voz aflautada que le valió el mote de Principito entre los vagos de la manzana. Se dice que era un grandote de buen corazón, y que lo que más amaba en el mundo era a su palomita. Se dice, también, que toda la agresividad que tenía guardada encontró su cauce cuando un grandulón del barrio ahorcó a su mascota. Y que esa(la del grandulón) fue la primera nariz que rompió, a la tierna edad de siete años.

Habrá sido la emoción, la adrenalina de la pelea. El caso es que desde entonces, Mike mutó en un personaje a tono con el barrio. El resto de su infancia se le escurrió desandando el escalafón de la escuela del crimen. Se encandiló con la plata dulce de los negocios de la zona. Robó, huyó, lo pescaron más de una vez. A los 12 años, cuando cayó en desgracia por robarle la cartera a una anciana ,ya tenía un interesante récord delictivo: robos con armas, hurtos, salideras.

Un juez lo envió a la escuela Tyron –un reformatorio–, donde volvió a demostrar alergia a la autoridad. Iba camino a la cárcel, cuando un profesor de educación reparó en su cuerpo fornido y fibroso, calibró su instinto asesino. Bobby Stewart, que había sido boxeador, vio al púgil que Tyson llevaba escondido y se propuso moldearlo. Un par de lecciones le alcanzaron para saber que el chico necesitaba un entrenador profesional.

Así entró en escena Cus D’Amato, quien sería un padre adoptivo para Mike. El entrenador –que había hecho a Floyd Patterson campeón de los peso pesado– obtendría la guarda legal de su pupilo en 1984. D’Amato hizo todo por Tyson: para alejarlo de las malas juntas, se lo llevó a vivir a su casona y entre fintas y jabs le dictó una filosofía de vida que más tarde le serviría en el ring. “Cus fue más que un padre para mí, fue mi columna vertebral. Me enseñó que los héroes y los cobardes son iguales, pero el héroe proyecta su miedo en su oponente en vez de correr”, lo recordó Mike alguna vez.

D’Amato murió en noviembre de 1985, de neumonía. Se fue en paz: unos meses antes, había visto cómo su niño mimado noqueaba a un tal Héctor Mercedes en el primer round de su primera pelea a nivel profesional. Pronto, todo el ambiente del boxeo hablaba del chico de los puños de acero, del futuro campeón que tenía alma de gladiador. Que usaba su sed de sangre para demoler al rival y daba miedo.

A poco de andar –el 22 de noviembre de 1986–, Tyson le daba la razón a los que apostaban por él destrozando a Trevor Berbick en el segundo round y poniéndose el cinturón del campeón mundial de los peso pesado. Tenía 20 años y monedas; era el campeón más joven de la historia. La era post-Ali acababa de comenzar. Pequeño en estatura para su categòria, Mike Tyson supuso una nueva figura fìsica para el epìtome del peleador pesado. Con una estructura enorme en apenas 1,78 metro y 106 kilos de puro músculo gobernados por un cerebro bestial. 
 
“Soy feliz mientras peleo”, decía, y alimentaba su fama de noqueador. Era un toro salvaje, puro cuello, el rey del mundo. Empezó a voltear muñecos: nadie apostaba en su contra, lo único que se discutía era en qué round el rival de turno mordería el polvo. Retuvo su título a piacere, y ni siquiera Larry Holmes pudo con él: en el cuarto round, cayó groggy.

La vida le sonreía, y hasta se dio el lujo de conquistar a una mujer bellísima, la actriz Robin Givens. Entre promesas de amor eterno, la desposó en febrero de 1988. Cuatro meses más tarde, ella lo acusaría de violencia doméstica, lo tildaría de maníaco depresivo y pavimentaría el camino hacia un divorcio exprés.

Mientras Iron Mike se asociaba con Don King –mítico y polémico promotor de peleas–, se prendían las primeras luces de alarma en torno del boxeador estrella. Nadie podía sospechar que 1989 sería el año de su apogeo, que luego todo iría de mal en peor. El hombre que sólo había precisado 83 segundos para liquidar al durísimo Carl Williams, estaba a punto de venirse abajo. Mientras gritaba “quiero pelear, quiero destruir el mundo”, el principio de su fin se acercaba. Había olvidado una enseñanza de D’Amato: “La soberbia no sirve; quien se hincha, revienta”.

Fue la noticia del día, aquel 11 de febrero de 1990: James Douglas, el retador de la corona daba el gran golpe y noqueaba al hombre indestructible, al que había predicho que nunca jamás nadie le haría besar la lona. Fue, si se lo mira en retrospectiva, lo menos malo que le pasó en esos tiempos complicados. Aunque para el boxeo fue la sorpresa màs grande de su historia.

El 18 de julio de 1991 Tyson cometería el peor error. En una habitación de hotel, un encuentro con la modelo Desiree Washington –que venía de concursar en el certamen Miss Black America– sellaría su destino. Cuatro días después, la chica de 18 años presentaba una demanda contra el boxeador; lo acusaba de violación, un delito mucho más grave que los que lo habían llevado al reformatorio. Desde entonces, vivió para visitar tribunales. En marzo de 1992, la jueza Patricia Gifford desoyó los pedidos de su defensa y lo condenó a diez años de prisión.

Fue a dar con su humanidad a la cárcel de Plainfield –en el estado de Indiana–, donde prepoteó a los guardias, leyó a Tolstoi y se enamoró de Monica Turner, una estudiante de medicina que lo visitaba dos veces a la semana.

Recién volvió a ver la luz del día el 25 de marzo de 1995, y a los pocos meses parecía rehabilitado: derrotaba en 89 segundos a su retador, Peter McNeeley, en Las Vegas. Luego, enhebró otras tres victorias por KO como preparación para una pelea mundialista y la recuperaciòn del cinturòn frente al temible Frank Bruno, al que destrozò en minutos. El Rey habìa vuelto, pero ya no podìa esquivar a Evander Holyfield, quien desde comienzos de los '90 se interponìa en su camino. 
 
Tras bravuconadas varias, se vieron la cara sobre el cuadrilátero el 9 de noviembre de 1996. Era David contra Goliath. El Hombre de Acero, quedó patente, ya no era el mismo y Holyifield con su enorme tècnica lo dominò por completo. El árbitro Mitch Halpern paró la pelea en el penúltimo round, cuando Tyson ya no daba más.

Medio año más tarde, la noche del 28 de junio de 1997, fue tiempo de revancha. Y de vergüenza. Cortado en una ceja, harto de recibir golpes sin poder encajar uno como la gente, Tyson se la tomó con la oreja de Holyfield. Una, dos veces mordió el lóbulo, y se quedó con un retazo del pabellón auditivo de su rival entre los dientes. Los millones de televidentes no podían creer tamaña reacción, tan poca tolerancia a la frustración. Iban recién por el tercer round y quedó claro que ante la impotencia, salía a la luz el peor Mike, tan parecido a aquel adolescente pendenciero que Cus D’Amato intentó enderezar. Empezaba el tiempo de la decadencia final.

El campeón invencible, el que había dicho que “aparte del boxeo, todo es aburrido”, había llegado demasiado lejos. Cuando un tabú es violado, cuando se rompe una regla no escrita del pugilismo y la sinrazón triunfa, el pronóstico no es nada bueno. Por supuesto, las cosas no harían sino empeorar y su licencia boxìstica fue revocada por la Comisiòn de Nevada.

Apenas comenzó 1998, el ex campeón cayó en la cuenta de que del dinero ganado a los golpes –unos 300 millones de dólares–, le quedaba poco y nada. Demandò a Don King, al que acusaba de haberle robado varias decenas de millones.

Por años, del Tyson boxeador no hubo casi noticias. Claro, pasaba más tiempo en el buffete de sus letrados que en el gimnasio. Sin embargo, cada tanto peleaba con un rival menor, cosa de engordar su cuenta bancaria y hacerle frente a alguna deuda impostergable. Al mismo tiempo perseguìa una improbable nueva oportunidad mundialista persiguiendo el inalcanzable sueño de ser campeòn mundial por tercera vez. Un Lennox Lewis en su àpice se interpuso en su camino y acabò con toda esperanza el 8 de Junio de 2002.

De mal en peor, Mike fue bajando peldaño a peldaño hacia el infierno de la pobreza. Sus dos últimas presentaciones, frente a rivales de cuarta categoría, fueron un fiasco: gordo y lento, recibió dosis duplicadas de la que fue su antigua medicina, el KO. El final se predecìa inevitable.


El que supo ser El Hombre de Acero , el Chico Dinamita, ya no es ni la sombra del que fue alguna vez. Su sonrisa torcida, que ayer nomás infundía pánico, devino en mueca patética. Ni rastro queda de su soberbia en el pinàculo de su fama. Hoy, Mike Gerard Tyson es un muñeco de marketing dispuesto a hacer lo que sea por un puñado de dólares. Un maníaco depresivo que vive recetado y en bancarrota. Un ìdolo devastado, carcomido por sus propios tormentos, preso de la sombra del inexpugnable Rey Pesado que en su mejor època fue.




Ficha:

Apodo:        Iron Mike
Estilo:       Ortodoxo
Peso:         Peso pesado
Nacionalidad: Estados Unidos
Trayectoria:  1985-2005
 
Estadísticas:

Total Combates:        58
Victorias:             50
 • Por nocaut:         44
Derrotas:              6
Sin Decisiòn:          2
Reinado:               4 años
Peleas por el Tìtulo:  15    



Fuente de Archivo: Diego Heller para el Suplemento Deportivo de Clarìn. 



  

lunes, 29 de abril de 2013

PERFILES - JULIUS ERVING (1950-)




ETERNO DOCTOR J.


Popularmente conocido como Dr. J, Julius Erving fue uno de los grandes jugadores que tuvo la NBA entre la década del 70 y del 80, que comenzó su carrera brillando en la desaparecida American Basketball Asociation (ABA), una liga profesional creada para competir con el principal torneo del mundo.

El Doctor J, apodo que ya tenía en el Instituto Roosevelt, inició sus estudios en la Universidad de Massachusetts en 1968. En dos años de carrera, promedió unos espectaculares 26,3 puntos y 20,2 rebotes por partido, a pesar de sus escasos 1,98 metros de estatura. Es uno de los únicos 5 jugadores que han conseguido la hazaña de promediar más de 20 puntos y 20 rebotes en la NCAA. A pesar de ello, no atrajo demasiado la atención del público en aquellos años
  
El ex alero de 2,01 metros de altura dio inicio a su vida profesional dentro del baloncesto en 1971 defendiendo al desaparecido equipo de Virginia Squires en la ABA, en un momento donde dicho torneo tenía casi la misma importancia que la NBA.
En su primera temporada Dr. J tuvo grandes actuaciones individuales que lo llevaron a registrar muy buenos números, que a pesar de no permitirle obtener el título con su equipo lo llevaron a ubicarse en la segunda posición de cara al premio de “Novato del Año”.

Para su segunda temporada como profesional tuvo la posibilidad de jugar en la NBA, pero como no le convencía la idea defender a Milwaukee Bucks que fue el equipo que lo seleccionó en el Draft, decidió seguir jugando en Virginia Squires, donde seguía obteniendo grandes actuaciones que lo posicionaban como uno de los principales anotadores del torneo.

En 1973 Erving cambió de equipo pero no de liga, pasando a defender a New York Nets (hoy New Jersey Nets, equipo de la NBA) donde viviría sus mejores años dentro del desaparecido torneo. Allí en la primera temporada conseguiría su primer título como profesional, siendo nombrado al mismo tiempo MVP del campeonato y convocado al Juego de las Estrellas de la ABA.

En las siguientes dos temporadas las grandes marcas registradas por Dr. J, sobre todo a la hora de anotar, lo llevaron a ser distinguido nuevamente con el premio de MVP, mientras que volvería a consagrarse campeón en el segundo de estos campeonatos, que en definitiva sería el último organizado por la ABA, ya que desaparecería al término de la temporada 1975/76.
Resumiendo un poco la carrera de Erving en el extinto torneo profesional, el alero en 5 temporadas consiguió dos títulos, fue nombrado MVP en tres oportunidades y lideró la tabla de anotadores también en tres ocasiones, convirtiéndose de esa manera en uno de los jugadores más importantes que supo tener la ABA a lo largo de su corta historia.

Para la temporada 1976/77 Dr. J fue transferido a Philadelphia 76ers, donde continuaría su carrera dentro del baloncesto, en este caso ingresando por primera vez a la NBA donde jugó a lo largo de 11 años defendiendo los colores de los Sixers.
En el torneo más importante del mundo Earving se convirtió en uno de los mejores jugadores de la historia de Philadelphia liderando al equipo a jugar constantemente las finales, hasta que en 1983 finalmente pudo ganar su anillo derrotando en la final a los Lakers, con quien ya había perdido 2 finales los años anteriores. Ese mismo año fue nombrado por segunda vez MVP del Juego de las Estrellas, al cual fue convocado en todos los años que estuvo en la NBA.

Al término de la temporada 1986/87 Dr. J le dijo adiós a la práctica del baloncesto siendo hoy uno de los únicos 5 jugadores que han logrado pasar los 30 mil puntos en toda su carrera profesional, hecho que lo convierte en uno de los más grandes de todos los tiempos. Por este motivo tanto los Nets como los Sixers han retirado el dorsal número 32 y 6 respectivamente, mientras que en 1993 tuvo su merecido ingreso al Salón de la Fama.

El juego del Doctor J se caracterizó principalmente por su vistosidad, ofreciendo a lo largo de su carrera infinidad de momentos inolvidables. Pero quizás los más conocidos sean dos, el denominado Baseline move sobre Kareem Abdul-Jabbar y el Rock The Cradle sobre Michael Cooper, curiosamente ambos jugadores de los Lakers.

La primera ocurrió durante las Finales de 1980, cuando penetró por la línea de fondo del lado derecho del campo, con el brazo totalmente extendido un metro por detrás del tablero, y encontrándose en el camino a todo un Kareem Abdul-Jabbar. Erving giró sobre sí mismo, y a canasta pasada dejó una bandeja que tras dar en el tablero entró por el aro.

Mientras la segunda sucediò en 1983, en un partido de la temporada regular de nuevo ante los Lakers. Una pérdida de balón originó un rápido contraataque por el lado izquierdo, recibiendo Erving el balón todavía en su campo, atravesó toda la cancha siendo perseguido por Michael Cooper, y realizó un movimiento que se denominó Rock The Cradle (traducido mecer la cuna), agarrándose el balón entre la mano y la muñeca y girando el brazo 360 grados para acabar consiguiendo el mate delante de un desesperado Cooper
.



Carrera:

Posición:       Alero
Universidad:    Universidad de Massachusetts
Draft:          1ª ronda (puesto 12) 1972 por Milwaukee Bucks
Liga:           ABA / NBA
Equipos:

    * Virginia Squires (1971-1973)
    * New York Nets (1973-1976)
    * Philadelphia 76ers (1976-1987)


Títulos
:

    * MVP de la NBA (1981)
    * MVP de la ABA (1974, 1975 y 1976)
    * Elegido en 50 mejores jugadores de la historia de la NBA (1996)
    * Miembro del Basketball Hall of Fame (1993)
    * 11 veces All-Star de la NBA
    * 5 veces All-Star de la ABA
    * Campeón de la NBA (1983)
    * Campeón de la ABA (1974 y 1976)
    * MVP del All-Star Game de la NBA (1977 y 1983)

Logros personales:

    * Máximo anotador de la ABA en 1973 y 1975
    * 16 veces All Star (2 veces MVP del partido)
    * 5 veces elegido en el mejor quinteto de la NBA
    * Uno de los 6 únicos jugadores de la historia en superar los 30.000 puntos en su carrera profesional
    * Tanto los Nets como los Sixers han retirado las camisetas con los números 32 y 6 respectivamente como homenaje.
    * Miembro del Basketball Hall of Fame desde 1993

GRANDES PELEAS - SERGIO MARTINEZ vs. MARTIN MURRAY (Estadio Amalfitani, 2013)



LA DEUDA INTERNA


La velada se presentaba ideal para la victoria del argentino. Pero casi termina en bochorno y pesadilla. El show estuvo antes, en la previa. La fiesta estuvo antes, a pesar de la lluvia que no diò tregua. Con los fuegos artificiales, el juego de luces, con la alegría y la emoción de la gente. Con Sergio Martínez saludando, como un ìdolo a su pueblo. Pero después, cuando la campana del primer round sonó, ahí el show terminó. Porque Maravilla no fue el mismo, a pesar de su infinita garra y corazòn de campeòn. Denotó que no estaba bien físicamente, el combate contra Chàvez todavìa le pasa facturas. 
 
El comienzo favoreció a un “Maravilla” que asumió la iniciativa agazapado y a cara descubierta, mientras su adversario lo esperaba erguido, con la guardia bien cerrada y amagando con un contragolpe que nunca llegaría a concretar. Martínez logró desarrollar su esquema en los tres primeros round, pero desde ahí su físico le pasó factura, sus rodillas no lo movían como él quería y sus puños no pegaban como deseaba. Y el inglés lastimaba con el uno-dos que siempre encontró en el cuerpo del local el blanco que buscaba. Sus desplazamientos eran lentos. Su jab no era el pistón que fue demoliendo a Chávez juniors. Su recto de izquierda no tenía la misma potencia. Y sus golpes morían sistemáticamente en la guardia de Martin Murray. 

Pero la historia cambió en el cuarto capítulo. “Maravilla” viró su estrategia hacia la espera y dejó crecer al europeo, que se prendió un par de veces y empezó a darse cuenta de que sus toques, golpes o lo que fueran podrían hacer mella en su anfitrión. Murray fue creciendo en determi­nación e intensidad, aunque sin salirse demasiado de su planteo timorato, y empezó a complicarle las cosas a Martínez.

A esta altura era evidente que el quilmeño empezaba a sufrir la pelea, porque no encontraba la distancia para marcar supremacía y porque lo arrinconaron y le hicieron sentir algunas manos. Así fue entre el tercero y el sexto asalto, tramo en el que Murray volvió el legajo a fojas cero con un triple 10-9 a su favor. 
 
  
En paralelo, el inglés encontró rápidamente la pelea que se ajustaba a sus características. Por eso, tras derribar dos veces (una no se contabilizó) a Maravilla no se evidenciaba otro final que la supremacía del retador. Por eso, su caída en el round 8 dejó en silencio a todo el estadio y generó una gran preocupación, la cual encontró recién un alivio en el último asalto, cuando Sergio mostró pasajes de lo que fueron los doce asaltos ante el mexicano Chávez. 

Advertido de que la pelea se le hacía cuesta arriba, el campeón arengó a su público y buscó salir del mal momento a partir de su oficio y de su mayor inteligencia en el séptimo pasaje (10-10). Después llegó el momento de zozobra, en el octavo, cuando Murray lo agarró mal parado al argentino con un cross de derecha, lo que le hizo ganar ampliamente ese segmento (10-8).
 
La tensión volvió a aumentar en el décimo round cuando el británico puso al argentino cerca de las cuerdas y, nuevamente, avanzó en ataque tirando varios golpes. En ese momento, el argentino cayó por segunda vez en la velada. Afortunadamente, el árbitro lo consideró un resbalón, por lo que la acción no le valió el descuento de puntos.

Ambas situaciones hicieron recordar a aquella noche de Septiembre de 2012 en Las Vegas, cuando “Maravilla” conquistó el título de los medianos de la CMB ante Julio César Chávez Jr. En esa ocasión, el quilmeño también perdió la vertical dos veces, ambas en el round definitivo.

Se esperaba la embestida del inglés ante un Martínez confundido y superado,
pero el local logró recomponer su imagen utilizando más la cabeza que los puños, impidiendo la derrota. Había que llegar al campanazo, pero Martínez no pudo con su genio y salió a intercambiar golpes.

El silencio de los 40 mil espectadores en los minutos finales del combate, justo cuando más precisaba del aliento de su gente Sergio “Maravilla” Martínez, resultó el mejor veredicto, la incredulidad y la impotencia de la audiencia. El recuento de los puntajes le otorgó un excesivo premio al campeón mundial de peso mediano (CMB), que estuvo muy lejos de sus mejores noches. Tal vez haya sido un castigo para la falta de inteligencia y decisión de Murray, quien viéndose más fuerte, ràpido y seguro, nunca tuvo el impulso para buscar una victoria categórica que lo eximiera de sorpresas.
 
Cuando todos habían visto una diferencia favorable al británico, Michael Buffer con su castellano atravesado por el inglés, anunció la victoria del quilmeño por 115 a 112, lo que bien puede considerarse como un veredicto localista. Maravilla no ganó claramente, pero sigue ostentando el título mundial de los medianos (CMB). Cuesta imaginar idèntico resultado si este combate se hubiera desarrollado en tierras europeas.
El triunfo de Sergio "Maravilla" Martínez generó distintas opiniones en el mundo del boxeo. Algunos consideran que la pelea la perdió y otros que ganó "legítimamente" pero que deberá "replantear" su carrera. En el boxeo -debe saber Maravilla, aùn a sus 38 años- la enseñanza se incorpora con dolor. No hay dudas que el propio Martínez mejor que nadie sabe que lo de anoche fue una lección que deberá sumarle a su capítulo de campeón y que le deja como conclusión que para mantener a su edad -y kilomtraje dentro del ring- el nivel que es capaz de desarrollar no se deben dar ventajas de ningún tipo, por lo cual tendrá que estar en plenitud física de aquí en más ante los próximos retos, si es que existen.


Maravilla Martínez organizó la fiesta, la gente la disfrutó, vivió un hecho sin precedentes y aunque el fallo fue polémico el argentino conserva el cinturón y esa felicidad es compartida por todos los argentinos. En definitva, el ser argentino, demagogo y exitista fue a ver a su triunfante showman. Y el boxeo, a veces, muestra su faceta de show espectáculo por encima del deporte propiamente dicho. Está bien que la gente festeje, se encuentra en su derecho porque ganó su campeón. El que quiso ser profeta en su tierra, a quien el jurado se lo permitió. Por eso sigue como el boxeador del pueblo, generador de un revuelo mediàtico inèdito. Si bien no ajeno a polèmicas, ni a políticas de estado tristemente entremezcladas con un evento deportivo. Pero Maravilla no tiene la culpa de esa mediocridad.

La pelea de Maravilla es un evento único en la historia del deporte argentino, no debe desconocerse este hecho. También deja ver las dos caras de una cultura tan fervorosa como retrógrada y de un ídolo tan legítimo como efímero. El tiempo, en defintiva, colocará este combate en justa perspectiva histórica.

Mientras tanto, Maravilla parece haberse cobrado -quizás sin proponérselo- injusticias del pasado: Martínez fue robado en el exterior cuando había vencido claramente a Cintron y a Williams, y las tarjetas lo desfavorecieron. Luego pudo redimirse con un fabuloso KO al ex campeón americano y sumar leyenda a su gloria bien ganada desde el esfuerzo y la superación extrema. Las lecciones de boxeo que dió a Pavlik y a Chávez Jr. suman para su notorio palmarés, es por ello que Sergio no necesita semejante circo a su alrededor. Nuestra eterna deuda interna.
 

Clip - highlights de la pelea:





Nota: el post de mi autoría es una recopilación de varias fuentes.

viernes, 26 de abril de 2013

ARTÌCULOS - EL MUNDO EN SUS MANOS (ESPN Deportes, 2013) por Bruno Altieri




EL EPÌTOME DE SU MAJESTAD


"La defensa de Michael está siendo increíblemente permisiva", dijo Tex Winter a Phil Jackson. "Bueno, Tex, necesita al menos un descanso".

Michael Jordan llegó al sexto juego de las Finales de 1998 como la única carta posible para obtener el triunfo. Los Bulls dominaban la eliminatoria 3-2 y una victoria más alcanzaba para conquistar el sexto campeonato de la franquicia. Jordan estaba en los últimos años de su carrera, sus piernas ya no lucían como en el auspicioso año de 1985 y sentía el desgaste de unos playoffs ajetreados, que habían incluido una serie desgastante ante los reñidos Indiana Pacers en las Finales del Este.

Aún así, sólo él parecía ser una amenaza seria ante un equipo de Utah que era, a todas luces, superior a Chicago. El juego del Jazz era bien distribuido y nacía a partir del mejor base de la Liga, John Stockton. Karl Malone era, también, el ala-pivote más dominante de la competencia y juntos formaban un dúo temible, capaz de quebrar a cualquier rival que se ponga enfrente.

Scottie Pippen había llegado al juego 6 lejos de su plenitud física y estaba de milagro dentro de la rotación de los Bulls. Toni Kukoc alternaba noches positivas con problemas recurrentes, Ron Harper se había convertido en un especialista defensivo -Dennis Rodman sólo ejercía con maestría el juego sin balón- y Luc Longley era sólo un parteneire en la zona pintada para un equipo de elite.

En su casa, nada parecía interponerse en el camino del Jazz para forzar un séptimo partido. Como un boxeador que tambalea, el diagnóstico sobre Chicago en las tribunas se sucedía con progresión geométrica: "Es sólo una cuestión de tiempo".

Utah superaba en todo a los Bulls. Profundidad, estatura, juego y también poseía la localía a favor. Sin embargo, Jordan cargaba con la ofensiva de Chicago con una perseverancia jamás vista. Pese a que su entrenador le había pedido que levante el pie del acelerador en defensa -algo inusual para un jugador de esta talla y para una circunstancia tan importante como un sexto juego de unas Finales de NBA-, el cansancio de Jordan era tan preocupante como evidente.

"Fijate Phil, ya no puede tener ningún tipo de elevación. Sus piernas están terminadas", le dijo Winter a Jackson con el marcador igualado en 77, con algo menos de cinco minutos por jugar en Salt Lake City.

Y lo que decía el asistente técnico de Chicago, creador de la ofensiva triangular que años más tarde enriquecería a todos los equipos de Jackson, tenía mucha lógica. El número 23 de los Bulls había sido sometido a doblajes, cambios de defensa sistemáticos y su cuerpo estaba a punto de decir basta. Sin embargo, Utah seguía sin clavar la estocada y eso encendía una chispa de esperanza en el corazón de los fanáticos de los Bulls, que en estos años ya se extendían en los cuatro puntos cardinales del planeta, en el primer esbozo de globalización de la mejor Liga del mundo.

Jackson pidió tiempo fuera con algo más de dos minutos por jugar. El Maestro Zen observó los ojos de Jordan y encontró ese chispazo que tantas veces había visto en el United Center, pero que jamás pudo explicar a través de los años. Sus compañeros estaban devastados, sólo tenían energía para pensar en un séptimo partido. Pese a que el resultado lucía accesible en los papeles, ellos entendían, al igual que los fanáticos desparramados en el estadio, que tarde o temprano el golpe a al mentón iba a llegar.

Sin embargo, Jordan se resistía al orden establecido. Movía su mandíbula sin parar, como si su boca se hubiese transformado en un lavarropas encendido. Su goma de mascar iba de un lado al otro mientras miraba la pizarra de su entrenador. Estaba aturdido, las gotas de transpiración formaban surcos irregulares entre su cabeza y su cuello.

Jackson sabía que su estrategia no dependía de él. Era desesperante saber que todo pasaba por las manos de un jugador, que debía, casi como una obligación irremediable, inyectar confianza en la mente del competidor más grande de todos los tiempos. "Mike, debes terminar con esos lanzamientos lejanos. Se nota tu cansancio", dijo el coach de Chicago. "Lo sé, hay que internarse en la llave, sobre todo ahora que no tienen hombres grandes".

La fórmula Stockton-Malone seguía haciendo de las suyas. Stockton, el mayor asistidor de la historia de la Liga, parecía no sufrir alteraciones de comienzo a final. Sus facciones, en el último cuarto, se mantenían en el mismo lugar que en el primero. Parecía ser inmune al paso del tiempo.

Stockton asistió a Malone y 'El Cartero' transformó la acción en dos puntos, empujando el resultado a favor de Utah 83-79. Luego, Jordan incursionó en la llave, recibió falta de Bryon Russell y anotó los dos tiros libres. En el ataque siguiente el Jazz no pudo anotar y fue MJ, nuevamente, el que igualó las acciones merced a dos unidades más desde la línea de personales -esta vez la falta fue de Stockton- con 59.2 segundos en el reloj.

La ofensiva siguiente se llevó a cabo con suma tranquilidad. Stockton tenía ese plus: podía tener la espada de Damocles en la cabeza, pero jamás perdía la paciencia. El interruptor de los nervios nunca se adaptó a su fisonomía: era capaz, en situaciones límite, de matar una hormiga con un bisturí a tres metros de distancia.

Por eso nadie se sorprendió cuando Malone cambió de rol en el ataque del equipo de Jerry Sloan. Recibió el doblaje de los jugadores de Chicago, revirtió el balón con un pase extraordinario y Stockton, en el otro costado, acribilló a la defensa con un triple en 45 grados.

Con sólo 41.9 segundos por jugarse, Phil Jackson pidió tiempo muerto. Las camisetas rojas de Chicago emulaban el incendio que ocurría dentro de ese círculo de jugadores. La daga de Stockton había calado hondo en el corazón de los Bulls. Fue uno de esos tiros que convencen del desanimo, pese a que aún quedaba mucha esperanza en el horizonte.

Pero claro, Michael Jordan jugaba para Chicago. Y fue en este preciso momento cuando el mundo que todos veían gris, fue para MJ de colores vivaces. Miró hacia abajo y se ató los cordones de las Air Jordan XIV Black/Black-Varsity Red, que había comenzado a usar en los últimos tres meses y que años más tarde quedarían inmortalizadas para siempre.

Jackson lo rodeó con los brazos con la sapiencia que un alumno necesita recibir de un profesor experimentado. Fue casi como un consejo que merecía ser al oído, pero que todos escucharon. "Mike, debes pensar el siguiente tiro. Recuerda que tus piernas están muy cansadas. Esto no es el comienzo, muchacho", dijo Phil. "Coach, estoy sintiendo que rejuvenezco en estos momentos", dijo Jordan, casi como una broma. "Si vas a intentar un tiro en suspensión, deberás atravesar por el problema y hacerlo mejor", contestó Jackson. En ese momento, Winter tomó la palabra. Lo observó y dijo. "No lo estás haciendo en estos momentos, Mike", casi como una palmada para motivarlo.

Winter tomó la pizarra y mandó una ofensiva llamada "Whatthef..." -como recuerda David Halberstam en el New Yorker, se trataba de una vieja ofensiva de los Knicks, de los tiempos de Phil Jackson, cuya función era hacer un aclarado para el portabalón-. La idea era permitirle a Jordan jugar uno contra uno con Bryon Russell, dejando en libertad a Steve Kerr en un costado como anzuelo para evitar doblajes.

Jordan tomó el balón y se movió hacia el margen derecho. Luego, como una llamarada, se metió entre la defensa y anotó un tiro complicado con ayuda del tablero. Los Bulls quedaban a un punto de distancia (86-85) con sólo 37 segundos en el reloj.

Lo maravilloso ocurrió a partir de ese momento. El Jazz trató de repetir la fórmula de la ofensiva ralentizada, utilizando a Malone como punta de lanza en el poste bajo para accionar cuando reciba el doblaje. Stockton consumió once segundos de la posesión antes de entregarle el balón al Cartero.

Jordan utilizó el corte de Jeff Hornacek por línea final como engaño para demostrar su perfección en los dos costados de la cancha. Fue jugar a la escondida entre gigantes, utilizando a Rodman, defensor de Malone, de pantalla entre el atacante y el doblaje. De inmediato, Hornacek fue hacia afuera y Jordan volvió sobre los pasos para golpear el balón a Malone y quedarse con la última posesión del juego, en uno de los mejores movimientos defensivos individuales de la historia del básquetbol.

Fue una suerte de intuición mezclada con inteligencia y técnica para golpear en el momento justo. Fue como un gato esperando que el ratón haga exactamente lo que el ratón hace: ser, de alguna manera, previsible en su talento. Ese es el momento en el que la naturaleza muestra su lado inevitable. Las especies superiores, entonces, devoran a las inferiores.

"Karl nunca me vio venir", recordaría Jordan a The New Yorker luego del juego.

Con sólo 18.9 segundos por jugar, Jordan cruzó hacia el otro costado con el balón en su poder. Todos los ojos del mundo apuntaron hacia la esfera anaranjada, transformada ahora en un círculo de fuego. Era el anillo de Frodo, el objeto más codiciado de la tierra por un tiempo tan escaso como relevante.

El silencio en el Delta Center era tan estremecedor que podía oírse. Mucho ruido es tan espeluznante como muy poco. Las pupilas de Jordan estaban dilatadas. Los hombros lucían un poco más altos que de costumbre y las piernas parecían estar viviendo una segunda primavera en Salt Lake City. Jerry Sloan sabía que, con Kerr apostado de manera horizontal sobre MJ, lanzar un doblaje sobre el número 23 era un suicidio colectivo en su propia casa. El coach de Utah mantenía sus brazos en la cintura y sus labios seguían entreabiertos luego del robo de balón del escolta de Chicago.

Jordan, en esa jugada, se había disfrazado de maestro de ceremonias. Había llegado su momento, el instante en el que todas sus versiones anteriores se abrazaban para mutar en la más absoluta perfección. Era la concentración absoluta, el mensaje que el Maestro Zen había encendido en su cabeza por años. Mientras avanzaba, con la elegancia de una gacela, Russell retrocedía sin saber bien qué hacer. No sabía a ciencia cierta si controlar a su rival o abrazarlo. Su cara lucía una mezcla de espanto con atracción indefinida: el semidios estaba enfrente y la vida de Utah se estaba jugando a cara o cruz.

Jordan sabía que la defensa esperaría un tiro cercano al aro, porque era lo que venía haciendo a lo largo del último cuarto. Había anotado, para ese entonces, 14 puntos en el período definitorio, ante la incredulidad de rivales y compañeros.

En una jugada paradójica que combinó velocidad con cámara lenta, hizo un movimiento incisivo en busca de la zona pintada, pero sólo fue disfrazarse de rayo para anticipar el trueno: regresó con un dribbling hacia atrás y con un movimiento sobrenatural de caderas envió a Russell a la lona sin siquiera tocarlo. En soledad, tomó el tiro y el mundo se detuvo por un instante.

El balón besó el cielo mientras Jordan mantenía, casi como una crueldad, el brazo derecho extendido en la persecución del lanzamiento, como si aún pudiese redirigir un potencial movimiento equivocado con la mente. De todos modos, nada de eso sucedió. El arco fue tan perfecto que la resolución estuvo condenada al éxito desde el vamos: la red atragantó la pelota y la masticó durante uno o dos segundos, antes de escupirla contra el parquet.

MJ lo había hecho de nuevo. Uno contra todos, todos contra uno. El Jazz tuvo tiempo para una posesión más, pero la noche ya era de Jordan. Lo evitable se había transformado en inevitable: el ajedrecista había hecho el toque y el jaque mate era un hecho. Stockton, en un estado de desesperación inusual, lanzó un triple con marca encima y su intento quedó corto.


"Air" Jordan levantó los brazos y enseguida una marea roja se abalanzó sobre su humanidad. El genio con el número 23 grabado a fuego en la espalda le había entregado a los Bulls el sexto trofeo de campeonato para sus vitrinas. El Delta Center combinaba frustración con emoción extrema en cantidades iguales. El hasta entonces enemigo había seducido y concretado su propósito. Para el fanático del Jazz era inevitable esbozar, en la bronca, una sonrisa.

"Nunca dudé de mí", dijo el nùmero 23 momentos después. "Nunca dudé de mí en ningún pasaje del juego", agregó, con el trofeo en su poder y el rostro lleno de lágrimas. "Sencillamente es el mejor jugador de toda la historia", sentenció Sloan, resignado pero con una profunda admiración por su rival.

En aquel entonces, este lanzamiento se conoció como "el último tiro" de Jordan. Luego llegarían los Washington Wizards y otras grandes historias acerca de su majestad, pero esta fue, quizás, la definición más maravillosa de toda la historia por una razón crucial: fue un combo de emoción extrema en medio minuto sin interrupciones de tiempos fuera, algo imposible de repetir en la actualidad. Robo de balón y anotación en el otro costado con diferencia de 15 segundos.

Jordan levanta el tiro: el mundo se detiene por un instante. El quiebre perfecto de Jordan contra Russell es una de las imágenes más conmovedoras de la historia del básquetbol. Minutos despuès Jordan y Pippen celebran la gloria del sexto título de los Bulls en el vestuario de Salt Lake City. La historia consumada.

MJ cargó con su equipo desde el minuto cero en el sexto juego de las Finales: uno contra todos, todos contra uno. Asì las pàginas doradas la escriben los vencedores. En ese marco, nadie en la modernidad pudo superar las líneas que escribió este hombre. El cuadro, entonces, tiene nombre y apellido. La eternidad es el pedestal de los elegidos.


Fuente: columna de archivo de Bruno Altieri para www.ESPNDeportes.com

jueves, 25 de abril de 2013

GRANDES CARRERAS - G.P. BRASIL (Interlagos, 1991)



PROFETA EN SU TIERRA


Resùmen:

Cabe destacar que tras 8 temporadas en Formula 1, Ayrton Senna logró finalmente conseguir una victoria en su país natal, en el circuito de Interlagos, de manera postergada y no menos dramàtica. 

Tras liderar sólo con dos marchas durante las seis últimas vueltas mientras Riccardo Patrese, en 2da posición, le recortaba tiempo peligrosamente por detrás a bordo de su Williams-Renault FW14. 

Como dato curioso, el paulista acabó la carrera exhausto, a tal punto que dejó su McLaren a un costado de la Recta Oposta y tuvo que ser atendido por personal médico. Laboriosa, demorada y merecida victoria para Ayrton frente a su fervorosa torcida.

Ficha de la Carrera

Pole position:
Ayrton Senna     McLaren-Honda
Tiempo     1:16.392
 
Vuelta Ràpida:
Nigel Mansell     Williams-Renault
Tiempo     1:20.436 en vuelta 35
 
Podio
1º Ayrton Senna      McLaren-Honda
2º Riccardo Patrese  Williams-Renault
3º Gerhard Berger    McLaren-Honda


Imàgen - Celebraciòn en el podio:





miércoles, 24 de abril de 2013

FOTOGRAMAS - LA ESTATUA DE MICHAEL JORDAN (United Center, 1994)




Instantàneas: Un mito viviente. United Center es un centro de atracción para millones de turistas que pasan por Chicago. Todos arriban en busca de la tradicional foto en el exterior del estadio, al lado de la estatua de Michael Jordan, que desde 1994 muestra al legendario ex basquetbolista en uno de sus típicos movimientos en la cancha. 

Antes de ingresar al estadio, los aficionados al baloncesto rinden homenaje a la estatua de MJ. La impresionante figura de bronce muestra a Jordan, posiblemente el mejor jugador de baloncesto profesional de todos los tiempos, "volando" sobre sus contrincantes en una representación de una de sus legendarias volcadas

En la inscripciòn bajo la estatua no hay un àpice de exageraciòn.  Casi nunca el consenso ha sido mayor sobre quien ha sido el atleta màs destacado en la historia del deporte.

FOTOGRAMAS - LA ESTATUA DE ROCKY MARCIANO (Mèxico D.F., 2012)



Instantàneas: El ùnico Pesado invicto, inmortalizado. Una estatua de seis metros de altura y dos toneladas de peso que rinde homenaje a Rocky Marciano, el único campeón de boxeo de los pesos pesados que no conoció la derrota, fue presentada por el presidente del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), el mexicano José Sulaimán. La figura fue elaborada por los artistas mexicanos Víctor Gutiérrez y Mario Rendón con resina poliéster y fibra de vidrio, y reforzada interiormente con acero durante un proceso que duró cuatro años.  

Frente a las instalaciones del gimnasio del Instituto Politécnico Nacional de la ciudad de Mèxico, se realizó la presentación de la escultura de Rocky Marciano legendaria figura del boxeo mundial, quién se retiró invicto en 49 peleas profesionales, de las cuales ganó 43 por nocaut. José Sulaimán, presidente del Consejo Mundial de Boxeo, señaló que esta obra de 6 metros de altura y dos toneladas de peso, creada por los escultores mexicanos Mario Rendón y Víctor Gutiérrez, es un merecido homenaje a un inmortal del boxeo y de la división de los completos, cuyas hazañas en el ring, con triunfos ante Joe Louis y Jersey Joe Walcott entre otros grandes campeones,  no habían sido valoradas. 

La escultura será trasladada a Brockton Massachusetts, lugar donde nació  Rocky Marciano, el 1 de septiembre de 1923.

PERFILES - JACKIE STEWART (1939-)





EL ESCOCÈS VOLADOR


Stewart nació en el pueblo escocés de Milton (West Dunbartonshire) el 11 de junio de 1939, en el seno de una familia que se dedicaba al mundo del motor, con lo que Stewart se sintió atraído a todo lo referente al automovilismo. Sus padres tenían una tienda en donde vendían automóviles Jaguar. De esta forma, Jackie aprendió desde muy pequeño en el garaje de la tienda. Además su hermano mayor, Jimmy, era piloto de carreras y era reconocido en los circuitos de la ciudad.

Jackie Stewart comenzó con los automóviles debido a que en la escuela le iba mal porque tenía dislexia,[1] pero en ese entonces no se la diagnosticaron. De esta forma fue pasando su adolescencia en los talleres hasta que lo encontró Ken Tyrrell, supo de sus virtudes y decidió contratarlo ya que Ken Tyrrell tenía un equipo de Fórmula Junior, en donde allí fue ganando carreras y fama que lo llevó a dejar Tyrrel para pasar a la Fórmula 1.

Un superdotado del volante, fue captado por Ken Tyrrel a principios de los años 60 después de que este oyese hablar de un joven escocés con muy buenas manos. era el comienzo de una buena relación que acabaría con títulos mundiales de Fórmula 1. Stewart comenzó con Tyrrel en F3 en 1964, y en 1965, ya que Tyrrel todavía no corría en F1, se unió a BRM junto con otro gran piloto, Graham Hill. En su año de debut conquistó su primer punto en la primera carrera, Sudáfrica, y ganó la primera prueba antes de terminar la temporada, en Monza.
 
Debutó en la Fórmula 1 en 1965 con la mencionada escudería BRM, un equipo que daba apoyo a los británicos que tenían éxito en las categorías menores. En 1965 tuvo una destacada actuación, e incluso ganó el Gran Premio de Italia, todo eso corriendo contra pilotos de la talla de Jim Clark y Graham Hill. En 1966 Triunfó en el Gran Premio de Mónaco, pero BRM empezó a tener muchos problemas relegando a Stewart a un incòmodo mitad de pelotòn.
Pronto comenzó a preocuparse de la seguridad en los circuitos. Un accidente que sufrió en Spa-Francorchamps en 1966, en el que quedó atrapado en su BRM sin ser capaz de salir, corriendo peligro de morir abrasado por una chispa que prendiese el carburante que lo empapaba, dio salida a las nuevas medidas de seguridad que se hicieron estándar: el volante extraible y un interruptor general para cortar la electricidad. Además, a partir de ahi se traía su propio médico para paliar la lentitud en el transporte, e incluso BRM comenzó a traer un camión hospital, del que se beneficiaban todos.

A partir de fines de entonces, Stewart organizó protestas de pilotos de Fórmula 1 para exigir mejores condiciones de seguridad, en una época en que frecuemtemente ocurrían muertes y lesiones graves como consecuencia de choques e incendios en las pistas. Propuso el uso obligatorio de cascos integrales, cinturones de seguridad y buzos antiflamas, la creación de zonas de escape, barreras de protección y centros médicos en los circuitos, y la presencia de equipos de rescate y atención médica en cada prueba.

En 1968 ganó el Gran Premio de Alemania en Nürburgring bajo la lluvia, y ganó con una diferencia en torno a los cuatro minutos, algo inaudito hoy en día, Se proclamó campeón posteriormente en 1969, 1971 y 1973. 


En 1971, después de un año no demasiado bueno en March, Stewart regresa a las órdenes de Ken Tyrrel junto a François Cevert. El escocés volverá a repetir triunfo en el mundial, algo que también hará en 1973 retirándose justo después del Gran Premio de Estados Unidos en Watkins Glen, en el que su compañero Cevert perdió la vida, hecho que le afectó profundamente y motivó su retiro de dicha carrera y de la actividad como piloto, justo antes de completar cien carreras largadas.


La muerte de su compañero de equipo, François Cevert, en la práctica del Gran Premio de EEUU de 1973 adelantó la retirada ya anunciada en una carrera, quedándose a las puertas de celebrar su centésimo GP. Su última victoria había sido antes, en el Nürburgring. La 27, la récord de Jim Clark.

Luego de su retiro en 1973, Stewart continuó trabajando para mejorar la seguridad en el automovilismo. Cinco años después, el dirigente de la Fórmula 1 Bernie Ecclestone contrató al médico Sid Watkins como médico oficial, comenzando así un proceso de implantación de medidas de seguridad en el automovilismo.

Comprometido con su causa, Stewart fue el defensor a ultranza de las medidas de seguridad en los circuitos, como por ejemplo, poner guardarrailes a lo largo de todo el trazado. Se encontró multitud de opositores, pero al final se salió con la suya y posiblemente muchos pilotos le deban la vida a este simpático, extraño y genial piloto escocés.
 
En 1997, Stewart decide hacer su regreso a la Fórmula 1, esta vez con un equipo propio. Junto a su hijo Paul, fundó Stewart Grand Prix, con el apoyo de Ford, que le suministraba los motores; y del banco HSBC, principal patrocinador. En los tres años que duró como jefe de escudería, Stewart lograría una sola victoria, la conseguida por Johnny Herbert en el Gran Premio de Europa de 1999, que junto a buenas actuaciones del otro piloto, Rubens Barrichello, colocaron a la escudería en la cuarta posición de constructores en 1999. A finales de ese año, Ford compró la escudería y la reconvirtió en Jaguar Racing. Posteriormente, sería vendida a la marca de bebidas energéticas Red Bull,viendo a Sewart desvincularse de forma permantente de la firma.


Palmarés general
 
Años en activo:        1965 - 1973
Equipos:               BRM, Matra, March, Tyrrell
Carreras comenzadas:   99
Campeonatos mundiales: 3 (1969, 1971, 1973)
Victorias:             27
Podios:                43
Poles:                 17
Vueltas rápidas:       15
Primera carrera:       Gran Premio de Sudáfrica de 1965
Primera victoria:      Gran Premio de Italia de 1965
Última victoria:       Gran Premio de Alemania de 1973
Última carrera:        Gran Premio de los Estados Unidos de 1973


martes, 23 de abril de 2013

EQUIPOS - NEW YORK KNICKS, parte II (1985-)




LA MÌSTICA KNICKERBOCKER (capìtulo II)



Patrick Ewing fue seleccionado en el Draft de 1985 por los Knicks. Como resultado de una pobre temporada en 1984–85, el equipo fue incluido en la primera lotería realizada en el Draft de la NBA. En ésta ganó la primera selección de primera ronda, eligiendo al pívot estrella de la Universidad de Georgetown Patrick Ewing

La era de Patrick Ewing (1985-2000)

En su primera temporada, Ewing fue el primero en las estadísticas de los novatos en puntos anotados (promedio de 20 por partido) y rebotes (promedio de 9 por noche), con la carga adicional de hacerse con los galones de titular desde el primer momento, ya que ni King, todavía lesionado, ni Bill Cartwright, que jugó sólo 2 partidos, pudieron hacer nada. Ganó el premio al mejor novato del año, convirtiéndose en el primer jugador de los Knicks en recibir ese galardón.28 El equipo no tendría el mismo éxito, ya que sufrirían un récord negativo durante las dos primeras temporadas con Ewing en él.

 
La suerte cambió cuando en la temporada 1987-88 fue contratado Rick Pitino como entrenador, y la selección del base Mark Jackson en el puesto 18 del draft.29 Sumado eso al gran juego desarrollado por Ewing, llegaron a los playoffs, donde fueron derrotados por los Celtics en primera ronda.30 La temporada siguiente fue aún mejor, debido al traspaso del pívot reserva Bill Cartwright a cambio del ala-pívot de los Bulls Charles Oakley previo al inicio de la temporada.31 Ese año lograron 52 victorias contra 30 derrotas, que les valió el título de división casi veinte años después de la última vez. En la primera ronda de los playoffs, derrotaron a los 76ers pero cayeron ante Chicago Bulls en las semifinales de conferencia.

 
Antes del inicio de la temporada 1989-90, ocurrieron un par de cambios significativos. Pitino dejó el equipo para dirigir a la Universidad de Kentucky,34 y Stu Jackson se convirtió en el nuevo entrenador. Con un récord de 45–37, el equipo alcanzó los playoffs, en cuya primera ronda derrotó a los Celtics, pero perdieron con el equipo que sería campeón de la liga, Detroit Pistons. En 1990–91, el equipo, contrató a John McLeod como entrenador a comienzos del año, sufrió un récord negativo de 39–43 y serían eliminados en la lucha por el título por el equipo que finalmente sería el campeón, Chicago Bulls.

 
Sintiendo la necesidad de contar con un mejor entrenador si el equipo aspiraba a ser candidato al título, el nuevo presidente Dave Checketts contrató a Pat Riley antes del comienzo de la temporada 1991-92. Riley, que ganó cuatro campeonatos durante los años 80 con Los Angeles Lakers,35 inculcó a su equipo una defensa muy física y asfixiante que inmediatamente dio sus frutos. Esa temporada, con el favorito de la afición, John Starks, en sus filas, lograron un récord de 51–31, que le alcanzó para empatar en el primer puesto de la División Atlántico. Tras derrotar a los Pistons en la primera ronda, caerían ante los Bulls en una serie muy igualada, resuelta en el séptimo y definitivo encuentro.

 
La temporada 1992–93 fue aún más exitosa que la anterior. Antes del comienzo de la misma, los Knicks traspasaron a Mark Jackson y a Stanley Roberts a Los Angeles Clippers a cambio de Charles Smith, Doc Rivers, y Bo Kimble, además de adquirir a Rolando Blackman de los Dallas Mavericks. El equipo ganó el título de división con un balance de 60 victorias y 22 derrotas. El equipo alcanzó las finales de conferencia, donde se enfrentarían nuevamente a los Bulls. Tras llevar la ventaja en los dos primeros partidos, perdieron la serie al ser derrotados en los últimos cuatro.

 
Después de lo que sería la primera retirada de Michael Jordan del baloncesto antes del inicio de la temporada 1993–94, muchos vieron esta ocasión como la oportunidad de los Knicks de finalmente alcanzar las finales de la NBA. El equipo, que contrató a Derek Harper de Dallas Mavericks mediada la temporada a cambio de Tony Campbell, obtuvo nuevamente el título de la División Atlántico con un récord de 57–25. 

 
En los playoffs, el equipo jugó 25 partidos, que es un récord de la NBA; ganaron a New Jersey Nets en primera ronda y finalmente pudieron derrotar a los Bulls en la segunda ronda después de siete partidos. En las finales de la conferencia se enfrentaron a Indiana Pacers, quienes llevaban la ventaja de la serie 3-2 al término del quinto partido. Sin embargo, los Knicks ganaron los siguientes dos encuentros y lograron el título de la Conferencia Este, que no alcanzaban desde 1973, y el pase a las finales de la NBA.

Don Nelson dirigió al equipo en la temporada 1995-96. En las finales se disputaron siete partidos con baja anotación en todos ellos, entre los Knicks y Houston Rockets. Los dos primeros, celebrados en Houston, se saldaron con una victoria para cada equipo. Pero los Knicks ganaron dos de tres partidos en el Madison Square Garden quedando a una única victoria de lograr un campeonato tras 21 años de sequía. 


En el sexto partido, sin embargo, un lanzamiento de John Starks en el último segundo, que si entraba les daba el campeonato fue taponado por Hakeem Olajuwon, dando la victoria a los Rockets por 86–84 y forzando un séptimo y definitivo partido. Los Knicks perdieron 90–84, debido en parte a la baja efectividad de Starks, que convirtió 2 de 18 lanzamientos, y al rechazo por parte de Riley de sacarlo de la cancha, a pesar de tener en el banquillo a jugadores como Rolando Blackman y Hubert Davis reconocidos ambos como buenos tiradores.
 
Al año siguiente, quedarían segundos en la división con un récord de 55–27. Derrotaron a Cleveland Cavaliers antes de enfrentarse nuevamente a los Pacers en la segunda ronda.42 Ya en el primer partido se manifestó el cariz que tomaría la serie, cuando Miller nuevamente se convertiría en una piedra en el camino de los Knicks anotando ocho puntos en los últimos ocho segundos para darle la victoria a los Pacers por 107–105. La serie se extendería hasta el séptimo partido, en el cual Patrick Ewing erró el último intento para empatar el partido, logrando así la victoria los Pacers por 97–95. Riley renunció al día siguiente, y los Knicks contratarona Don Nelson como su nuevo entrenador.

Jeff Van Gundy, entrenador de los Knicks entre 1995 y 2002.
Durante la temporada 1995–96, Nelson fue despedido cuando habían transcurrido 59 partidos, y, en vez de ir en busca de otro entrenador reconocido, contrataron a un experimentado asistente técnico, Jeff Van Gundy, quien no tenía experiencia previa como entrenador principal. Los cambios comenzaron en el mes de febrero, cuando Charles Smith fue traspasado junto al rookie Monty Williams a San Antonio Spurs, a cambio de J.R. Reid y Brad Lohaus. Días antes, Herb Williams y Doug Christie fueron enviados a Toronto Raptors a cambio de Willie Anderson y Victor Alexander. Los Knicks finalizaron con un récord de 47–35 ese año, y eliminó a Cleveland Cavaliers en la primera ronda de los playoffs y luego perdió con el que sería el equipo campeón, los Chicago Bulls, en cinco partidos.

 
En la temporada 1996–97, con las incorporaciones de jugadores como Larry Johnson y Allan Houston, lograron un récord de 57–25. En los playoffs, barrieron a Charlotte Hornets en la primera ronda antes de enfrentar a Miami Heat (dirigido por Pat Riley) en la segunda. Los Knicks llevaban el liderazgo de la serie por 3–1 pero una tangana al final del quinto encuentro concluyó con la suspensión de jugadores claves. La mayoría de los jugadores suspendidos de los Knicks, Ewing en particular, fueron sancionados no por haber participado en el altercado en sí mismo, sino por violar una regla de la NBA que estipula que un jugador que está en el banquillo no puede abandonarlo durante una pelea. 


Con Ewing y Houston suspendidos para el sexto partido, Johnson y Starks suspendidos para el séptimo, y Charlie Ward suspendido para ambos, los Knicks perdieron la serie. La temporada 1997–98 estuvo marcada por la lesión que sufrió en la muñeca Ewing el 20 de diciembre, por la que se perdió el resto de la temporada regular y la mayor parte de la postemporada.46 El equipo, que había finalizado con un balance de 43–39, derrotó a los Heat en la primera ronda de la postemporada antes de enfrentarse nuevamente a los Pacers en la segunda. 

Esta vez, los Pacers vencieron fácilmente en cinco partidos, con Reggie Miller encestando otra vez un lanzamiento de triple en los últimos segundos del cuarto juego para acabar con las esperanzas de los aficionados de los Knicks. Por cuarto año consecutivo, los Knicks habían sido eliminados en la segunda ronda de los playoffs. El Madison Square Garden, en su cuarta reconstrucción, es el pabellón del equipo desde 1968.
 
Antes del comienzo de la temporada 1998–99, que se vería recortada en su duración debido a la huelga de los jugadores,48 Starks fue enviado como parte de un traspaso a Golden State Warriors a cambio del base Latrell Sprewell,49 además del cambio de Charles Oakley por Marcus Camby. Entraron con lo justo a la postemporada con un récord de 27–23. Comenzaron sorprendiendo al vencer al clasificado en el primer puesto de la Conferencia Este, Miami Heat después de que Allan Houston encestara un lanzamiento faltando 8 décimas de segundo para finalizar el quinto y decisivo encuentro.


Esta era la segunda vez que un clasificado en el octavo puesto derrotaba al primer clasificado en la postemporada en la historia de la NBA. Batieron a Atlanta Hawks en la segunda ronda por cuatro a cero y así lograron el pase a las finales de conferencia, donde se verían las caras nuevamente con los Pacers. A pesar de no poder contar con Ewing debido a una lesión antes del tercer partido, los Knicks ganaron la serie convirtiéndose en el primer equipo que después de haber accedido a los playoffs en el octavo puesto logró llegar a las finales de la NBA. Sin embargo, en las finales, San Antonio Spurs, con sus estrellas David Robinson y Tim Duncan, fueron demasiado contra el debilitado equipo de los Knicks a causa de las lesiones, que perdieron en cinco partidos.
 
La temporada 1999–2000 fue la última de Ewing en Nueva York, logrando el equipo un récord de 50–32 y perdiendo en las finales de conferencia frente a los Pacers. Al término de la misma se vió envuelto en un multitudinario traspaso con cuatro equipos implicados, acabando en los Seattle Supersonics, y la era Ewing, que produjo muchas actuaciones exitosas en la postemporada aunque ningún campeonato de la NBA, llegó a su fin.

 
Una época de transición (2000-2003)

 
A pesar de haber perdido a Ewing, los Knicks tuvieron una buena temporada regular en 2001, con un récord de 48–34 que le permitió llegar a los play-offs. Sin embargo en esta etapa, cayeron en cinco partidos ante Toronto Raptors,53 siendo la primera vez en la década que no alcanzaron la segunda ronda de los playoffs.
El declive no tardaría en llegar. Tras un arranque de temporada con un balance de 10–9, el equipo se vio sorprendido por la repentina renuncia del entrenador Jeff Van Gundy. Don Chaney fue contratado como nuevo entrenador y llevó el equipo a un balance al final de la temporada de 30–52, provocando que por primera vez desde la temporada 1986-87 no se clasificaran para los playoffs.

 
Intentaron armar un equipo competitivo en la temporada 2001–02 mediante una serie de contrataciones y cambios. Entre los jugadores contratados estaban Shandon Anderson y Howard Eisley, ambos con abultados contratos a largo plazo. Estos movimientos fueron criticados por diversos analistas y aficionados del equipo, no solamente porque consideraban que estos jugadores estaban siendo sobrevalorados en relación con sus recientes actuaciones, sino que además ocupaban gran parte del límite salarial. Se notó una leve mejoría en el equipo, pero la temporada 2002–03 no fue exitosa y nuevamente se quedaron fuera de la postemporada. Stephon Marbury fichó por los Knicks en 2004 pero su rendimiento no fue el esperado. 


Isiah Thomas, en los despachos y en el banquillo (2003-2008)
 
Tras un comienzo de 15–24 en la temporada 2003-04, el equipo entró en una profunda transformación, tanto en sus directivos como sus jugadores. El 22 de diciembre de 2003 se produjo un cambio en la presidencia del equipo, Scott Layden abandono el cargo, siendo sustituido por Isiah Tomas,56 y contrató como entrenador a Lenny Wilkens en lugar de Don Chaney. Al mismo tiempo, Thomas realizó un gran recambio de jugadores, incluyendo la contratación del base estrella Stephon Marbury. Se clasificaron para los playoffs ese año con un balance de 39–43, pero fueron barridos por los New Jersey Nets en la primera ronda.

 
La gestión de Thomas al frente de los Knicks fue duramente criticada, fichando jugadores excesivamente caros, como Stephon Marbury, Jamal Crawford, Jerome James, Malik Rose, Jalen Rose o Steve Francis, y realizando traspasos poco beneficiosos para su equipo, como los de Penny Hardaway, Jerome Williams o Maurice Taylor. También tuvo aciertos, como las adquisiciones en el draft de David Lee, Trevor Ariza (posteriormente traspasado), Nate Robinson y Wilson Chandler.

 
La temporada 2004-05 fue menos exitosa que la anterior, logrando un récord de 33–49. Wilkens renunció en el transcurso de la temporada, y Herb Williams asumió como entrenador interino por el resto de la misma. Durante el receso, firmaron un contrato con Larry Brown por $50 millones a 5 años, con la esperanza de que los lideraría nuevamente a los playoffs, pero fracasó, y económicamente fue un desastre, ya que su indemnización fue de 18,5 millones de dólares.

 
Fue el propio Isiah Thomas el que se hizo cargo del banquillo, pero las cosas no mejoraron. Durante el draft de 2007, Thomas traspasó a Channing Frye y Steve Francis a Portland Trail Blazers a cambio de Zach Randolph, Fred Jones y Dan Dickau.59 Además, seleccionaron a Wilson Chandler en el puesto 23, adquirieron los derechos de Demetris Nichols, traspasando a Deickau a los Clippers a cambio de Jared Jordan. Con todos esos cambio, los Knicks apenas ganaron 10 encuentros más en la temporada 2006-07, volviendo a las cifras de 2006 al año siguiente y quedaron en ambas ocasiones nuevamente fuera de los playoffs.
 

Una nueva era con Mike D'Antoni (2008-2012)

En la primavera de 2008 se pretendió dar un giro a la situación, nombrando general manager al neoyorkino Donnie Walsh, y contratando como entrenador a Mike D'Antoni. Walsh volvía a Nueva York tras dos décadas en los Indiana Pacers, mientras que D'Antoni llegaba tras 4 temporadas en Phoenix Suns con más de 50 victorias y tres títulos de la División Pacífico.61 En el draft de esa temporada, eligieron en la sexta posición al italiano Danilo Gallinari. Firmaron también al veterano base Chris Duhon usando parte de la exención de su límite salarial. Poco después traspasaron a Jamal Crawford a Golden State Warriors a cambio de Al Harrington y enviaron a su mejor anotador, Zach Randolph, junto con Mardy Collins a Los Angeles Clippers a cambio de Cuttino Mobley y Tim Thomas.

 
El 18 de febrero de 2010, los Knicks se hicieron con los servicios de Tracy McGrady y de Sergio Rodríguez, en un intercambio a tres bandas que enviaba a Jordan Hill, Jared Jeffries, Kevin Martin y dos rondas de draft protegidas a Houston Rockets, y a Larry Hughes, Carl Landry y Joey Dorsey a Sacramento Kings.62 A pesar de las nuevas adquisiciones, los Knicks se quedaron fuera de playoffs por sexto año consecutivo.

 
Tras el parón del All-Star Game de la NBA 2011, los Knicks, Denver Nuggets y Minnesota Timberwolves llegaron a un acuerdo en el que Carmelo Anthony y Chauncey Billups recalaban en los Knicks a cambio de Timofey Mozgov, Danilo Gallinari, Wilson Chandler y Raymond Felton. 


Con este traspaso, los Knicks consiguen reunir en su equipo a dos jugadores franquicia (Carmelo y Stoudemire) después de muchos años sin grandes figuras en su plantilla. Los Knicks finalizaron la temporada en séptima posición y con un global de 42-40. En playoffs fueron barridos por los Celtics en primera ronda con un contundente 4-0. Tras el lockout de 2011 en la NBA, los Knicks se hicieron con el hábil defensor Tyson Chandler procedente de los vigentes campeones Dallas Mavericks a cambio de Andy Rautins. 

Para liberar espacio salarial, enviaron a Ronny Turiaf a Washington Wizards por 3 millones de dólares. Con la marcha como agente libre de Billups, los Knicks firmaron por el mínimo de veterano a Mike Bibby. Así mismo, se hicieron con el potente Baron Davis en diciembre de 2011 y el rookie Iman Shumpert se hizo un hueco en el equipo.
 
Los Knicks comenzaron la temporada 2011-12 de manera irregular, y para febrero de 2012 llevaban un global de 8-15. Ese mes, D'Antoni le dio la oportunidad de la titularidad al desconocido Jeremy Lin, el cual causó sensación desde el principio y se convirtió en un fenómeno mediático, consiguiendo liderar a los Knicks debido a las lesiones de Anthony y Stoudemire. Ese mismo mes firmaron a J.R. Smith, lo cual, sumado a la recuperación de Carmelo, mejoraron los resultados de los Knicks. 


Con la contrataciòn de Mike Woodson y el reconocimiento de Anthony en la categorìa de superestrella de la liga, los Knicks mantienen vivas sus esperanzas de Playoffs. A cuatro dècadas de su ùltimo anillo de campeòn aùn buscan alcanzar la tierra prometida, devolviendo a la mìtica franquicia a un sitio de èlite dentro de la Asociaciòn.