miércoles, 5 de febrero de 2014

ARTÌCULOS - SUPERPELEAS III: PRYOR - ARGUELLO (ESPN Deportes, 2013) por Dan Rafael





El mundo del boxeo todavía estaba hablando de la masiva sorpresiva victoria de Buster Douglas sobre Mike Tyson para ganar el indiscutido campeonato de peso completo hacía solamente un mes, cuando fue nuevamente estremecido, en esta ocasión por uno de los mejores combates de los tiempos modernos- la pelea del año del 1990- y en la que intervino quizás la más controversial decisión de un referí de parar una pelea en la historia del deporte. 

La pelea de unificación del título de peso junior welter entre Julio César Chávez y Meldrick Taylor fue altamente anticipada y produjo más de lo que es posible pedir. Nadie olvidará la pelea del 17 de marzo del 1990 en el Hilton de Las Vegas (aunque seguramente muchos ya han olvidado la victoria unilateral de Chávez contra un acabado Taylor en la revancha cuatro años más tarde. El por ciento de nocauts de Aaron Pryor luego de que noqueara a Alexis Argüello en su primera pelea. Ningún campeón del presente tiene un por ciento mayor que 89 por ciento de Gennady Golovkin. Más inolvidable aún que el combate repleto de acción, sin embargo, fue el final, el cual todavía puede suscitar discusiones acerca de la validez de la intervención del referí en parar la pelea. 

Solamente díganle "dos segundos" a cualquier fanático del boxeo y van a saber de qué estás hablando. Restaban dos segundos en la batalla épica cuando al árbitro Richard Steele detuvo la pelea, otorgándole a Chávez uno de los regresos más dramáticos en los anales boxísticos y quizás la victoria más grandiosa en su carrera de Salón de la Fama repleta de grandes hazañas. En cambio, fue una de las derrotas más amargas para Taylor, quien había dominado el combate y estaba de pie tras haber sido derribado en los momentos finales cuando Steele gesticuló con las manos para finalizar la pelea, negándole a Taylor lo que hubiese sido una victoria gloriosa. 

El combate era uno perfecto: dos campeones invictos quienes tenían emocionantes estilos que se complementaban perfectamente -- al pleito se le llamó "Rayo y Trueno" -- con un poco de nacionalismo agregado para avivar los ánimos. Chávez, la superestrella mexicana con una nación apoyándolo, era el trueno, un incansable golpeador con un puñetazo destructible quien hacía añicos a sus rivales hasta la sumisión con un ataque demoledor. Taylor era el rayo, un medallista de oro en las Olimpiadas del 1984 y un deslumbrante boxeador de Filadelfia con velocidad cegadora que lanzaba puños con la rapidez de una metralleta. 

Entrando al combate, Chávez tenía un récord de 66-0 con 56 nocauts, incluyendo un récord de 16-0 con 11 KO en peleas por títulos mundiales y Taylor amasaba uno de 24-0-1 con 14 nocauts, incluyendo de 3-0 con dos KO en peleas por títulos mundiales.
Chávez era el favorito por poco margen, pero Taylor comenzó rápido y tenía los primeros rounds en el bolsillo. Estaba boxeando en círculos alrededor de Chávez y aunque no era puños sólidos, obviamente lo estaba superando al llegarle con dulces combinaciones que Chávez no podía esquivar. 

Pero fiel a su estilo, Chávez no dejó de presionar hacia delante. Aunque Taylor continuaba ganando asaltos, no fue fácil. Chávez estaba perdiendo, pero estaba castigando a Taylor. Si Chávez iba a perder por decisión, Taylor iba a tener clarísimo que había estado en la pelea de su vida. 

Para muchos, Taylor ganó los primeros nueve rounds. Pero al combate desenvolverse en los asaltos tardíos, el daño que Chávez estaba haciendo era palpable. La cara de Taylor se estaba hinchando (tenía una fractura facial) y sangraba por la boca, lo que lo hacía tragarse su propia sangre. Lento pero seguro, Chávez lo estaba descomponiendo pero necesitaría de un nocaut para ganar. Entonces se convirtió en el juego de ganarle al reloj. Si Taylor lograba llegar hasta la campana final, hubiese ganado. 

Entrando al duodécimo asalto, Taylor llevaba la ventaja en dos tarjetas de anotaciones -- 108-101 y 107-102 -- y absurdamente perdiendo 105-104 en la tercera. Sin embargo, en lugar de irse a la segura, la esquina de Taylor le dijo que necesitaba ganar el round y éste salió a pelear y pagó el precio, finalmente siendo martillado con un derechazo que lo mandó a volar a una esquina con pocos segundos restando en el reloj. Taylor se levantó y Steele lo miró, pero no le gustó lo que vio y detuvo la pelea, dejando a muchos anonadados y a la fanaticada de Chávez celebrando junto a él. 

Siempre sentí que le robaron la victoria a Taylor. Sé que muchos dicen que no había forma de que Steele supiera cuánto tiempo restaba, pero él era un árbitro de élite. Tenía que instintivamente saber que quedaba muy poco tiempo, sin mencionar que la luz roja en el poste de cada esquina estaba parpadeando rojo, indicando que quedaban menos de 10 segundos en el combate. Taylor nunca más fue el mismo, pero después de haber dominado la mayor parte de la pelea, al menos se merecía dos segundos más.


Fuente: Dan Rafael para ESPN Deportes, "Serie Superpeleas" (Agosto 2013)



Clip - pelea completa:

 

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